Qué hacen dos chilenos produciendo tequila en Jalisco
Joaquín Lajehanniere, empresario del mundo de la entretención en Viña del Mar, y Juan Pablo Marín, ingeniero civil especialista en telecomunicaciones, se asociaron con el mexicano Pedro Cedillo, vicepresidente del Grupo Pachuca, para crear Casa Maia, el tequila que acaba de obtener la Medalla de Oro en el Latin America World Spirits Competition 2026.
Por: Italo Sciaraffia
Publicado: Sábado 18 de julio de 2026 a las 21:00 hrs.
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Sentado frente al computador en su casa de Bosques de Montemar, en Concón, Joaquín Lajehanniere buscaba en la web las repercusiones que había tenido la medalla de oro que Casa Maia acababa de obtener en el Latin America World Spirits Competition, cuando se cruzó con un artículo de Forbes Estados Unidos sobre los mejores tequilas cristalinos de 2026.
“Pensé: ‘No hay ninguna posibilidad de que estemos acá’. Empecé a bajar y de repente leo ‘Casa Maia’. Salí corriendo de mi casa a la calle a gritar como un loco. Mis vecinos no entendían nada. Era algo que ni en el mejor de los escenarios se me había cruzado por la cabeza”, cuenta Lajehanniere.
Periodista de la Universidad de Viña del Mar, y dueño de la productora Wicked -que organiza eventos como Viña Classic-, Lajehanniere creó en 2024 el tequila Casa Maia junto a su amigo Juan Pablo Marín, compañero de curso en el Saint Dominic School de Viña del Mar.
Los chilenos se asociaron con el mexicano Pedro Cedillo Martínez, hijo de uno de los fundadores del conglomerado mexicano Grupo Pachuca, y a sólo seis meses del lanzamiento oficial del tequila en el mercado, fue distinguido como uno de los mejores cristalinos del mundo.
La historia partió en 2023, cuando Lajehanniere -viendo el éxito de ese licor en las fiestas que organizaba- le propuso la idea a Marín, quien llevaba cuatro años viviendo en Ciudad de México, trabajando para Televisa.
La idea inicial fue traer a Chile la representación de una marca mexicana de alta gama. Marín aceptó, pero la idea duró poco. Descubrieron que las principales marcas ya tenían contratos exclusivos con grandes distribuidoras internacionales.
Entonces Marín le propuso algo que en ese momento era una locura: “¿Y si hacemos nuestro propio tequila?”.
“Le respondí que esto no iba a resultar por ninguna parte, que íbamos a tener un millón de complicaciones, que iba a ser imposible y que no teníamos idea de cómo hacerlo”, recuerda Lajehanniere.
A pesar de las dudas que tenía del negocio, había una cosa que Lajehanniere tenía clara: necesitaban un socio mexicano.
Ahí apareció Pedro Cedillo Martínez, hijo de Pedro Cedillo Lammoglia, uno de los fundadores del conglomerado mexicano Grupo Pachuca que es dueño del Club Pachuca y Club León en México, Real Oviedo en España y Everton de Viña del Mar en Chile. Hoy, Cedillo Martínez es el vicepresidente internacional del grupo.
Lajehanniere lo había conocido algunos años antes, cuando aún era presidente de Everton. Ambos coincidieron en asados hechos por vecinos amigos en el condominio Bosques de Montemar, en Concón y, luego de jugar unos partidos de pádel, se habían hecho cercanos.
Así, con la seguridad de que era el socio estratégico que necesitaban, Lajehanniere le contó la idea que tenía de inventar un tequila de alta gama pensado para el paladar chileno.
Y Cedillo, sin nada más que la idea, aceptó.
Un tequila para Chile
Con la sociedad ya lista la misión era encontrar una destilería que estuviera dispuesta a desarrollar su tequila.
Marín recorrió Guadalajara, Tequila y Zapopan, conociendo procesos productivos y entendiendo la industria. Se contactó con más de 50 destilerías y sólo 10 aceptaron escuchar el proyecto y, de esas, eligió cinco para visitar en persona con sus socios.
Lajehanniere y Cedillo viajaron a México y durante cinco días recorrieron distintas destilerías en Jalisco. La elegida fue una destilería ubicada en San Juanito de Escobedo, donde conocieron a Zandra Gómez, quien meses después sería elegida Mejor Maestra Tequilera de México 2024.

“Nos juntamos con ella, le dijimos lo que queríamos hacer y le llevamos productos chilenos, como vino Carmenere y pisco. Le explicamos que buscábamos desarrollar un tequila pensado para el paladar chileno”, recuerda Marín.
Finalmente, los socios firmaron un acuerdo en donde Casa Maia reservaría una cantidad determinada de barriles y acordaría con la destilería las características específicas del producto para que luego la destilería se encargue de elaborar, embotellar, etiquetar y prepararlo para su exportación.
Además, la receta desarrollada junto a la maestra tequilera quedó bajo un acuerdo de exclusividad, por lo que ese mismo tequila no puede ser producido para otra marca.
Con la producción resuelta, comenzó la parte más larga del proyecto: encontrar el sabor.
Durante cerca de siete meses, cada dos semanas los socios recibían nuevas muestras de tequilas desde Jalisco para que las probaran.
“Nos llegaban botellas que decían ‘Muestra 15’. Después elegíamos una y aparecía la 15-01, la 15-02, la 15-03. Elegíamos la que más nos gustaba y de esa salían nuevas variantes. Yo diría que hicimos unas 10 o 12 pruebas”, cuenta Marín.
Cuando Marín viajaba a Chile llevaba muestras en la maleta y organizaban catas a ciegas junto a familiares y amigos, comparando distintas versiones con otros tequilas premium.
“En algún minuto dijimos: ‘Ya está’. Era como cuando estás pintando un cuadro y dices: ‘Este cuadro quedó bonito’. Sabíamos que no había más que corregir”, recuerda Marín.
Y es que habían llegado a un sabor que lograba lo que tanto estaban buscando: romper con la imagen que los chilenos tenían del tequila.
“En Chile, la mayoría lo conoce por una mala experiencia a los 17 años, con limón y sal para pasar el mal sabor. Nosotros queríamos lo contrario: un tequila suave, elegante y que la gente quisiera tomarse solo”, dice Lajehanniere.
Ya con el sabor definido, los socios comenzaron a trabajar en la botella. Para eso recurrieron al diseñador, también viñamarino, Ian Wallace, reconocido por su trabajo en packaging y ganador de más de 40 premios internacionales. Después de varios meses de trabajo llegaron a una botella negra, algo muy poco común en el tequila, con un diseño minimalista.

La llegada a Chile y los premios
Con el producto terminado, la botella definida y una inversión cercana a los US$ 100 mil, los socios encargaron el primer embarque: 2.000 botellas que llegaron a Chile a fines de 2025.
Los primeros meses se concentraron en vender en la Región de Valparaíso y, poco a poco, comenzaron a llegar a Santiago. Aprovechando la red de contactos que Lajehanniere había construido durante años con su productora de eventos, la marca empezó a entrar en hoteles y restaurantes.
La estrategia funcionó: en menos de seis meses las 2.000 botellas ya se habían vendido y la empresa tuvo que encargar un segundo embarque del mismo tamaño. Hoy Casa Maia está presente en cerca de 40 restaurantes, además de plataformas como La Vinoteca, Booz y La Negra.
Pero mientras el tequila recién comenzaba a instalarse en Chile, llegaron noticias desde el extranjero.
El primer reconocimiento fue para la botella, que obtuvo una Medalla de Plata en los Indigo Design Awards, uno de los principales concursos internacionales de diseño. Poco después enviaron unas muestras al Latin America World Spirits Competition, uno de los principales concursos de destilados del mundo.Competían cerca de 300 y, para sorpresa de los socios, Casa Maia obtuvo la Medalla de Oro.
Ese reconocimiento fue el que llamó la atención de Forbes para que los incluyera entre los mejores tequilas cristalinos de 2026. Los premios les han traído nuevas oportunidades desde el extranjero; hoy ya tienen una orden de compra por 1.000 botellas para Paraguay y otra por 500 botellas para Perú.
Además, venden en restaurantes de México ligados al Grupo Pachuca y están negociando su entrada a Asia. Mientras tanto en Chile, el primer embarque, que estaba pensado para durar más de un año, se agotó en menos de seis meses. Así, apenas medio año después del lanzamiento, los tres socios ya preparan un ritmo de importaciones más intenso, con nuevos embarques cada tres meses.

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