El silencioso trabajo del ingeniero y emprendedor Guillermo Rolando en Ucrania
En abril fue premiado internacionalmente por su fundación Fútbol Más, que busca la integración de niños vulnerables a través del deporte. Pero lejos de los flashes, Rolando -ex subsecretario de Vivienda, con trayectoria en reconstrucción especialmente post terremotos- realiza hace dos años un trabajo junto al Banco Mundial en Ucrania. Con un grupo de expertos planifican cómo poner en pie a este país cuando termine la guerra. En mayo estuvo en Kiev. Aquí cuenta la experiencia.
Por: Patricio De la Paz
Publicado: Sábado 18 de julio de 2026 a las 21:00 hrs.
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"Es la primera vez que me toca trabajar en un país que está abiertamente en guerra”.
El ingeniero civil Guillermo Rolando (51) lanza esa frase cuando comienza a contar lo que está haciendo en Ucrania. Y eso -la situación de primera vez- llama la atención en alguien fogueado que, a lo largo de su carrera, ha hecho tantas cosas distintas, siempre moviéndose entre la ayuda social y ser un experto en diseño e implementación de planes de vivienda, tanto en tiempos de calma como en los agitados.
Participó en la creación de América Solidaria y estuvo en Techo. Trabajó en los planes de reconstrucción post terremoto de Chile en 2010 y en el de Haití ese mismo año. Fue subsecretario de Vivienda en el segundo gobierno de Piñera, donde le tocó la crisis de la pandemia. Ha llegado hasta África con su fundación Fútbol Más, que busca la integración de niños en situación vulnerable a través del deporte y que en abril fue premiada con uno de los Laureus Sport Award 2026. Es consultor del BID en temas de vivienda para Brasil; primero en Recife, ahora en Paraná. Y también en el Banco Mundial, con el cual ha estado asesorando en materias habitacionales a países como Indonesia, Colombia, Maldivas, Panamá o Armenia.
Es justamente como consultor del Banco Mundial que Guillermo Rolando -magíster en Políticas Púbicas, en Harvard- llegó a Ucrania; y así le tocó ver, como testigo en terreno, la guerra que ese país enfrenta con Rusia desde hace cuatro años.
El flanco personal
Cuenta que después que dejó la subsecretaría, en 2022, el Banco Mundial lo llamó para que fuera consultor en temas de vivienda. Aceptó. Y en diciembre de 2023, desde la oficina del banco a cargo de Europa y una parte de Asia -la zona del Cáucaso-, le propusieron trabajar en un proyecto para Ucrania en un escenario de post guerra. “Lo pensé muy rápido, y dije que bueno”. Guillermo Rolando reconoce que el tema le toca una fibra muy personal.
“Eslovaquia es vecino de Ucrania, y mi señora es eslovaca. Mi suegro fue embajador aquí en Chile, y vive allá. Así que me había tocado ir con bastante frecuencia, muchas veces. Mis dos hijas son chilenas, pero tienen pasaporte eslovaco”, cuenta. Entonces dice que cuando empezó esta guerra, la invasión rusa en febrero de 2022, él ya estaba muy atento. “Te pongo un ejemplo. Varias de las baterías Patriot, de las defensas antimisiles, pasan por Bratislava, la capital eslovaca, la ciudad donde viven mis suegros y que conozco muy bien. Es evidente, por decirlo así, que para mí es un conflicto más cercano; y que aunque soy latino, rancagüino, para mí desde el minuto uno este tema ha estado muy presente”.
"Varias de las baterías Patriot, de las defensas antimisiles, pasan por Bratislava, la capital eslovaca, la ciudad donde viven mis suegros y que conozco muy bien. Es evidente, por decirlo así, que para mí es un conflicto más cercano".
La misión del equipo al que se integró Rolando es trabajar específicamente en una estrategia y en planes de reconstrucción y recuperación de viviendas en Ucrania. El grupo lo conforman siete personas, donde él es el único chileno entre profesionales norteamericanos, georgianos, indios y ucranianos. Siempre están en coordinación estrecha con autoridades locales del país. “Esto está 100% liderado por las autoridades ucranianas, nosotros somos un apoyo. Vamos empujando, opinando, dando propuestas, ideas. Lo hacemos muy conectados con el Ministerio de Infraestructura”.
Nueva ley
La primera fase del trabajo, explica Rolando, fue modificar la ley de vivienda de Ucrania. “La que había era con muchos resabios de la época soviética; había que actualizarla. Dentro de los países de Europa central que se vincularon al contexto ruso, Ucrania ha sido de los que más se ha demorado en hacer modificaciones de los marcos jurídicos. Los polacos, los checos, los húngaros, lo hicieron más rápidamente. Por eso había un interés en modernizar la ley de vivienda, ponerle una lógica más europeizada, llevarla a un nuevo contexto. Eso ya se logró, se llama housing principles law y fue aprobada por la Rada, el parlamento unicameral de Ucrania, que son como 500 miembros”.
- ¿Y cuáles son los principales cambios?
- Lo principal es un Estado mucho más enabler, facilitador, que promueva más, que sea menos centralizado. En todo caso, hay cosas súper rescatables de los ‘60 y los ‘70. Lo conozco de primera fuente. La abuela de mi señora vivía en blocks en la afueras de Bratislava, que eran de esos años. Pero lo que buscaba la nueva ley era también ir preparando a un país para una eventual reconstrucción de postguerra. Es desafiante.
- También es incierto. Imposible saber cuándo termina una guerra…
- Sí, muy incierto. Tampoco sabes cómo será luego la recomposición geográfica del país. Qué pasará con las regiones, con Donbás, con Crimea, con Mariúpol… Nos ha costado mucho también tener informaciones como la cantidad de viviendas dañadas o destruidas, porque o es información que no existe o a las familias, a las personas, les cuesta darla por temor; y eso es válido. Hay entidades públicas que siguen estando muy dirigidas desde el lado ruso. Así que la colección de datos es hoy un desafío tremendo. Pero bueno, lo que nuestro trabajo busca es ir preparando a un país para una eventual reconstrucción postguerra; y eso es interesante.

Kiev, la capital ucraniana fotografíada por Guillermo Rolando, en mayo pasado.
Agrega: “A mí me ha tocado trabajar planes de reconstrucción más vinculados a terremotos y lo que hemos ido aprendiendo quienes trabajamos estas cosas es que un plan tiene alta probabilidad de éxito cuando los países están preparados para eso y tienen conocimiento previo en cómo hacer ciertos programas. Tener lo que se llama un arreglo institucional que más o menos esté funcionando, desde asuntos básicos: quién timbra tal cosa, quién aprueba tal otra, quién financia, hasta qué rol tienen el Estado, las municipalidades, las empresas. Y otro aprendizaje: debes diseñar cómo reconstruyes, pero a la vez mirar a largo plazo. Hay programas que usas de inmediato, pero si les haces un microajuste puedes escalarlos y hacerlos permanentes. Todo debe pensarse al mismo tiempo”.
En un búnker en Kiev
Actualmente están en la segunda fase de trabajo, que es el desarrollo de una estrategia de vivienda, que luego -en lo que constituye la tercera etapa- se convertirá en planes concretos. “Hemos aprendido que recuperar viviendas es más rápido que construir desde cero. En Ucrania el mayor stock de viviendas existentes es de blocks. Otra cosa interesante allí es que, como se calcula en seis o siete millones de ucranianos que han salido del país por la guerra, hay un número gigante de viviendas desocupadas y muchas no están dañadas”, cuenta. Si todo va bien, Rolando estima que todo el trabajo con el equipo del Banco Mundial debería estar terminado a fines de este año.
Por llevar adelante el trabajo, Guillermo Rolando tiene frecuentes reuniones online, que por las diferencias horarias son en general en las madrugadas chilenas. “Cada tema tiene miles de doble clicks, lo cual implica reunirse para discutirlos; luego toca revisar borradores, vas artículo por artículo, opinamos. Y después vienen reuniones con las contrapartes, con las autoridades ucranianas”. En 2025 viajó a Europa para un encuentro presencial, ya que la oficina del Banco Mundial que coordina el tema tiene sede en París.
A mediados de mayo pasado, hizo su primer viaje a Ucrania junto al equipo. No lo habían hecho antes por seguridad. “Pero como el tema de la estrategia de vivienda está bien avanzado, se dio en esa fecha una ventana idónea para ir y apoyar la estrategia en terreno. Se armaron grupos de trabajo con las autoridades ucranianas, gente del mundo privado, expertos en banca o en temas de construcción, ONGs”, señala.
Partieron desde Cracovia, en Polonia. Una van los llevó, en dos horas y media, a la frontera con Ucrania. Allí tomaron un tren nocturno con destino a Kiev, ya que es imposible entrar por aire. Tardaron ocho horas. “A medida que vas entrando, vas sintiendo que es un país en conflicto bélico”, recuerda.
En Kiev hubo reuniones todos los días. “Discutíamos temas, mirábamos documentos, contábamos experiencia internacional, hablábamos de financiamiento. Las contrapartes eran personas encantadoras, de muy alto nivel profesional, siempre respetuosas con los compromisos”, cuenta. Pero la guerra no tardaba en hacerse presente. Los ataques aéreos diarios obligaban, en medio de las sesiones de trabajo, a refugiarse en un búnker. Tal como les habían enseñado en las capacitaciones previas de seguridad. “Y era impresionante porque en el búnker seguíamos la reunión”.
“Y era impresionante porque en el búnker seguíamos la reunión”, dice Rolando.
Caían misiles y drones. A la población se le advierte si se trata de uno u otro, a través de aplicaciones que tienen en los celulares. “Por las capacitaciones previas sabes también que los ataques balísticos tienden a ser mucho más destructivos, pero tienes un poquito más de tiempo de irte a los búnkers”, explica Rolando.
Resiliencia y resignación
“Kiev es una ciudad que está en permanente estado de alerta y para la cotidianidad del ser humano eso empieza a ser muy duro -dice Rolando-. La vida continúa, siguen los colegios, los trabajos, los mercados, el transporte público, las ganas de vivir… pero la vida está permanentemente interrumpida. Hay una frase que me dijo un ucraniano, que me hizo mucho sentido: ‘Aquí la vida es normal hasta que deja de serlo’. Todo puede estar normal, y en 10 minutos ya no lo es. No sólo porque fuiste a un búnker y que ojalá no te pase nada, sino porque no sabes qué le pasó a tu hermano que está al frente o si el bombardeo fue en el edificio de tu madre… Esa tensión entre la normalidad y la anormalidad es cotidiana”.
Recuerda un día en el metro de la ciudad, que es profundo y con una construcción majestuosa, como el de Moscú. “Yo estaba tratando de comprar el ticket en una máquina y se me acercó un ucraniano. No sólo me ayudó, sino que me compró el pasaje. Seguimos conversando, en un inglés garabateado. Hablamos de fútbol, que siempre es un tema que acerca. Luego pasamos rápidamente a la vida cotidiana, cómo vivía esto, si tenía hijos, qué hacía con las alarmas en las noches”.

Continúa: “La resiliencia allá tiene un dejo de resignación. Los ucranianos se muestran fuertes, se paran, salen adelante. ‘Somos valientes’, dicen. Es algo arraigado en ellos, y eso es precioso. Pero también percibí mucha resignación”.
Rolando vuelve a comentar el escenario incierto que abre la guerra; en su caso lo que se refiere a la aplicación de un plan de reconstrucción de viviendas. Porque no existen plazos. Pero destaca que al menos en Ucrania hay una cierta estabilidad institucional: funcionan las dependencias públicas, sesiona el Congreso, se votan leyes, se pueden realizar reuniones técnicas que miran el futuro del país. “Digamos que tiene una cierta solidez dentro de la incerteza, y eso se siente”, comenta. A diferencia, por ejemplo, de lo que le tocó ver en 2010 tras el terremoto en Haití.
“Le doy mucho crédito a la institucionalidad ucraniana”, dice convencido. Y deja traslucir, sutil, algo parecido a la esperanza.
No hay fecha aún para un nuevo viaje a Kiev.
El propósito
- ¿Cómo “conversa” el trabajo que haces en Ucrania con tu variada ruta profesional: terremotos, Fútbol Más, subsecretaría de vivienda, por nombrar algunos?
- En mi vida profesional me ha dado mucha fuerza el tener un pie en el barrio y un pie en la política pública. Ahora en la tarde voy a un barrio por Futbol Más, que me gusta mucho, y más tarde me siento a pensar la vivienda en Chile o donde sea; y después me reúno con tomadores de decisiones. De esa manera estás permanentemente retroalimentándote y sabiendo lo que pasa.
- Pero tiene que haber un propósito común bajo actividades aparentemente tan diversas…
- Aportar, aunque sea un poquito, a que personas que incluso no conozco o que viven muy lejos puedan vivir mejor. Eso me ha ido acompañando muchos años, probablemente toda mi carrera. Ha habido vivencias que me han marcado mucho.
- ¿Personales?
- Yo vengo de provincia, tampoco vivíamos grandes lujos, pero a mí nunca me faltó nada, tuve techo, comida y lo agradezco mucho. Yo tuve muchas oportunidades en la vida y las aproveché todas, le puse empeño a cada una, estrujándolas. Y algo me empezó a pasar en la vida que, desde chico, de alguna manera sentí que si yo tenía oportunidades podía enfocar mi energía en apoyar a que otros las tuvieran también. Fui viendo otras realidades y me empecé a cuestionar muy rápido qué hubiese pasado si yo hubiese caído parado en otro lugar… El fútbol también me abrió los ojos muy tempranamente a otras realidades, me ponía en contacto con chicos que venían de lugares distintos y todos éramos partes en la misma cancha en Rancagua.

- Dar oportunidades a otros. ¿Ahí está el propósito que une a tus trabajos, entonces?
- Sí. He tratado de que todas mis energías, capacidades, neuronas, redes se enfoquen a que otros tengan muchas oportunidades. Eso lo puedes hacer desde el deporte, desde lo público, desde lo privado, desde una ONG, desde una empresa, desde un gobierno. Ha sido un hilo conductor muy fuerte en mi trabajo.
- Incluso ahora, en medio de una guerra…
- Claro. En Ucrania intento ponerle rostro a familias que perdieron sus casas, sus parientes. Y pienso también en oportunidades, desde dormir bien, tranquilos, tener un techo, tener agua. Si es un niño, que pueda jugar, que no se sienta amenazado. Si es un adulto, que tenga oportunidades de trabajo. Hay muchas formas en las que uno puede ayudar a que todo eso se vaya logrando. A veces será una plaza, a veces será una casa, a veces será dar herramientas de vida. Y siempre transmitirles que uno importa. Yo crecí en entornos donde quienes me rodeaban me hacían sentir que yo importaba, y eso es tan importante. Eso te va construyendo.
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