Un remate en silencio: cómo la familia Barros se despidió de Echeverría Izquierdo
En una operación montada con sigilo, las sociedades de la familia Barros liquidaron hace unos días su 7,2% de la constructora Echeverría Izquierdo, unos US$ 23,3 millones. Días después, el único integrante que quedaba en la gestión, Darío Barros, renunció a la gerencia de la filial de montajes industriales. Detrás del movimiento está la muerte del fundador, los nuevos proyectos de tres herederos y una venta ejecutada en el punto más alto del ciclo minero.
Por: Francisco Noguera
Publicado: Viernes 17 de julio de 2026 a las 13:35 hrs.
Imagen editada con IA
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La mañana del martes 7 de julio, antes de que la Bolsa de Santiago encendiera su rueda, un paquete de más de 43 millones de acciones de Echeverría Izquierdo apareció a la venta a $500. El papel había cerrado el lunes en $605. En las mesas de dinero la pregunta era quién estaba ofertando semejante bloque; la respuesta llegó recién al cierre de la jornada. Con un hecho esencial, la familia Barros informó que se despedía de la empresa fundada por su padre.
Las sociedades Inversiones BAIZ e Inversiones BAIZ Dos -los vehículos de la familia- enajenaron el 7,20% de la propiedad y recaudaron $21.689 millones, unos US$ 23,3 millones. La acción cerró como el peor papel de la jornada, con una caída de 10,83%. Días más tarde, un segundo hecho esencial completó el cuadro: Darío Barros Izquierdo, gerente general de Echeverría Izquierdo Montajes Industriales (EIMISA) y último miembro de la familia dentro de la empresa, presentaba su renuncia voluntaria, a contar del 30 de agosto.
Así, en cosa de días, una familia que llevaba casi tres décadas en la compañía cortó sus dos amarras: la propiedad y la gestión. La tercera, el directorio, se había gatillado meses antes, tras la muerte del padre y fundador, Darío Barros Ramírez.
El remate que sorprendió a todos
La forma en que se ejecutó la venta dice tanto como la venta misma. No hubo aviso previo a los controladores ni colocación conversada. Se trató de un remate en bloque del que el resto de los accionistas y los propios directores se enteraron, cuentan conocedores de la operación, cuando la orden ya estaba puesta.
"El mercado y los directores se dieron cuenta cuando se apretó el botón", grafica una fuente que siguió la rueda.
Respecto al precio, desde el mercado explican que un paquete de ese tamaño en una acción de baja liquidez no se coloca sin castigo. Por tanto, los $500 -un 17% bajo el cierre previo- son el peaje de vender todo de una vez.
A cambio, la operación destrabó algo que la empresa venía persiguiendo hace años: más acciones circulando en el mercado, lo que en la jerga financiera se conoce como free float. Ya en 2019 había rondado la idea de un aumento de capital con ese objetivo, que finalmente no se ejecutó.
Según operadores que participaron de la transacción, el 7,2% se repartió entre fondos de baja capitalización (Small Cap) que ya estaban en la propiedad o que aprovecharon para entrar —suenan Pionero, Compass y Falcom, entre otros—. Para una acción que en 2025 se disparó 186,79%, y que aun tras el desplome del martes seguía 20% arriba en el año, el remate se absorbió rápido.
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De Ovalle Moore al corazón minero
Para dimensionar por qué la salida es simbólica hay que retroceder a 1998. Ese año, Echeverría Izquierdo —fundada en 1978 por Fernando Echeverría Vial, Álvaro Izquierdo Wachholtz y Francisco Silva Johnson— constituyó su filial de montajes industriales.
Como socio de esa empresa naciente entró Darío Barros Ramírez, un ingeniero que venía de Ovalle Moore, la mayor constructora industrial de su tiempo y que terminaría quebrando. Con el foco puesto en la gran minería, EIMISA se transformaría en el motor del grupo, ya que hoy pesa cerca de la mitad de los ingresos consolidados y fue el principal ancla para sortear la crisis de la construcción en el país tras la pandemia.
La familia Barros llegó a la matriz en 2011, cuando el holding absorbió el 100% de la filial, y afianzó su lugar con la apertura en bolsa de 2012. El vínculo, además, es familiar. La esposa del patriarca, María Teresa Izquierdo Echeverría, estaría emparentada con las familias fundadoras. Un parentesco real, aunque lejano; de esos, dicen quienes los conocen, que se ven "en los funerales" y no "los fines de semana".
El entramado societario de la familia Barros ya se venía ordenando. En 2021, la principal sociedad de inversión de los Barros se dividió y repartió su capital entre vehículos espejo -Centauro, Linda y La Estancia-, un movimiento de planificación patrimonial que precedió en cuatro años a lo que vendría. Porque el punto de quiebre llegó el 20 de enero de 2025, cuando murió Darío Barros Ramírez. Con él se fue el único Barros en el directorio; su silla la tomó Juan Benavides Feliú, en la junta de abril.
En su entorno cuentan que, para el hijo, llegar cada día a la oficina y ver la foto del padre se volvió un peso difícil de cargar. "Era el alma de la empresa", resume alguien de su círculo.
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Tres hermanos, un solo apellido
Muerto el fundador, quedaron tres herederos con roles distintos en la ecuación. Darío, hijo, era el único dentro de la empresa. Sus dos hermanas nunca tuvieron rol ejecutivo y manejan negocios propios, ajenos a la construcción —uno en el rubro inmobiliario y otro en la agricultura, en Chiloé—, según cercanos a la familia. Para ellas, el 7,2% era plata inmovilizada, y fueron ellas, dicen, las que primero quisieron vender; el hermano se sumó.
La aritmética ayudaba a decidir. Repartido en tres, el paquete -unos 2,4% por cabeza- no daba para un asiento en el directorio, que exige del orden de 12% a 13%. Sin el padre, la familia había pasado a ser un accionista más, "como cualquier fondo". Además, un potencial aumento de capital los diluiría aún más.
A todo eso, se agregó el factor de diferentes visiones de cómo llevar la empresa,entre Darío y los controladores, lo que con la acción en récord, terminó de inclinar la balanza hacia pasar por caja. Porque el momento tenía su lógica. La utilidad que se triplicó en cuatro años: de $8.253 millones en 2021 a $25.350 millones en 2025. La acción, además, voló más de un 400% en el mismo periodo.
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Un adiós en el mejor momento
Nada en los números sugiere que la familia Barros se haya bajado de un barco que hace agua. Al cierre de 2025, Echeverría Izquierdo exhibía un backlog récord de $800 mil millones -el mayor de su historia- y proyecta elevar su inversión de este año en 75%.
Dos meses antes de la venta, en mayo, EIMISA había sellado el mayor acuerdo de su historia: una alianza con la estadounidense Bechtel para proyectos mineros y de infraestructura de gran escala. Lo firmó, por la filial, el mismo Darío Barros que ahora parte.
En el entorno de la compañía insisten en que el acuerdo no depende de una persona. Incluso, el reemplazo de Barros en la gerencia ya está avanzado: saldrá de un proceso interno antes de fin de mes, donde compiten tres candidatos.
En cuanto a Barros, este se encuentra de vacaciones con la familia. Volverá a las oficinas de EISA el 3 de agosto para cerrar los últimos pendientes, hacer el traspaso y despedirse del cuadro de su padre.
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