Crisis de desempleo juvenil
En un escenario laboral complejo, donde la desocupación escaló al 9,5% en el trimestre mayo-julio (su nivel más alto en cinco años), el debate técnico busca alternativas urgentes para paliar esta la situación, que no solo afecta a quienes están desempleados, sino también al país en su conjunto.Algunos expertos advierten que el debate no solo pasa por amortiguar el impacto inmediato en las cifras, sino que requiere abordar particularmente la crisis de desempleo juvenil que alcanza un 23,5%, entre las personas de 15 a 24 años, dos veces y media la media nacional. La persistencia de este fenómeno indica que es un problema estructural y que no se resolverá solo con crecimiento económico, ya que arrastra brechas multidimensionales vinculadas, como la formación, la falta de experiencia y las dificultades para acceder a un primer empleo. Problemas sobre los cuales el país tiene la obligación de reflexionar a tiempo para evitar que estas cifras se sigan deteriorando.
El exministro de Educación, Harald Beyer, en el contexto de un panel de conversación organizado por Seminarium, plantea una paradoja que da cuenta de una de las dimensiones del problema. Si bien en los últimos años la matrícula en la educación superior se ha incrementado, las oportunidades laborales para los recién egresados no han crecido a la misma velocidad. La ventaja que históricamente exhibían quienes cuentan con educación superior en materia de inserción laboral se ha estrechado respecto de quienes solo completaron la educación media. A ese cuadro se suman los preocupantes resultados de la última Evaluación de Competencias de Adultos (PIAAC) de la OCDE: un 44% de los adultos chilenos se ubica en los dos niveles más bajos de desempeño al considerar simultáneamente comprensión lectora, razonamiento matemático y resolución adaptativa de problemas. Esas cifras no deberían sorprender a la luz de los resultados de la prueba PISA 2025 difundidos este martes, que confirmaron una nueva caída en las competencias de lectura y matemáticas de los estudiantes chilenos.
El sistema educativo chileno sigue formando para un mercado que ya cambió.
Chile expandió fuertemente el acceso a la educación superior durante las últimas décadas, apoyado en hitos como el Crédito con Aval del Estado y, posteriormente, la gratuidad para los hogares de menores ingresos. Pero esa expansión no ha venido acompañada de un aumento equivalente de las competencias. El sistema educativo sigue formando para un mercado que ya cambió y la disrupción tecnológica está transformando los puestos de entrada que antes exigían un título.
El informe New Economy Skills del Foro Económico Mundial (2025) destaca que la competitividad hoy exige capacidades humanas como el pensamiento crítico y la adaptabilidad. Mientras el mundo avanza hacia modelos flexibles, el sistema chileno mantiene carreras rígidas y excesivamente largas que superan ampliamente los cuatro años y los estándares de la OCDE.
Esta discusión es relevante y debe sumarse a ella el mundo empresarial. En un escenario donde Chile compite por atraer inversión y capital humano frente a economías que ya están adaptando su oferta educativa a la disrupción de la inteligencia artificial, no corregir la brecha entre las competencias que entrega el sistema educativo y aquellas que demanda el mercado laboral puede seguir mermando la productividad y competitividad del país.