La infraestructura hídrica como motor del crecimiento agrícola
CARLOS CRUZ director ejecutivo del CPI
Chile enfrenta el desafío estratégico de crecer económicamente y generar empleos de calidad. Para lograrlo, la agricultura de exportación se perfila como un sector económico con un inmenso potencial para cumplir este propósito. Actualmente representa cerca de un 3% del PIB y, al considerar su cadena ampliada que incluye el agro procesamiento y los servicios, este rubro ya representa entre un 7,7% y un 13,8% del PIB nacional.
Además, es un pilar social clave que emplea directamente hasta 650 mil personas, llegando a superar el 15% o 20% de la fuerza laboral en regiones predominantemente agrícolas.
Las bases para dar un salto cuantitativo ya están sentadas. Contamos con una penetración comercial mundial muy reconocida, un sector empresarial con experiencia y un fuerte respaldo en investigación e innovación por parte de las universidades. El campo ha evolucionado eficientemente hacia una fruticultura de exportación de alto valor. Sumado a esto, existe una extensa superficie de terrenos con gran potencial productivo entre las regiones de Atacama y Valparaíso que aún no se explota.
“En el escenario climático actual, una política de recursos hídricos para la agricultura no puede basarse solamente en la naturaleza. Es imperativo desarrollar fuentes industrializadas de generación de agua”.
El objetivo comercial debe ser mantener nuestras relaciones actuales y expandir la oferta hacia grandes mercados como India e Indonesia.
Sin embargo, el gran obstáculo es la falta de una oferta hídrica segura. La escasez de agua ya ha forzado el desplazamiento de la frontera frutícola hacia el sur del país. En el escenario climático actual, una política de recursos hídricos para la agricultura no puede basarse solamente en la naturaleza. Es imperativo desarrollar fuentes industrializadas de generación de agua, tal como lo ha hecho exitosamente la minería. Con el apoyo de energías renovables de bajo costo, la desalación y el reúso de aguas servidas deben transformarse en vías complementarias a la gestión de cuencas y al desarrollo de embalses adicionales.
Una mirada integral desde la infraestructura hídrica es absolutamente necesaria para aprovechar plenamente este potencial. Asegurar el agua permitiría ampliar la superficie cultivada con productos de exportación, lo que podría elevar la participación del sector agrícola ampliado a más del 15% del PIB y duplicar la contratación de mano de obra.
Para concretar esto, el Estado debe contribuir a generar condiciones de mercado. Se requiere consolidar la demanda hídrica para cultivos de alto valor agregado, ya que los volúmenes necesarios superan la capacidad individual de cada agricultor.
Mediante sus instituciones, el Estado debe crear instrumentos que brinden seguridad al mercado financiero, permitiendo a los productores endeudarse para equipar sus predios con las tecnologías de cultivo más modernas como se ha experimentado en otras industrias que hoy se encuentran totalmente posicionadas como la de las concesiones. Si resolvemos el problema del agua, la agricultura podría ser el gran motor de nuestro desarrollo futuro.