El reciente Informe de Sistemas de Pago del Banco Central confirma que los pagos digitales siguen ganando espacio en la vida cotidiana de las personas. En el último año, el número de transacciones creció 15% y hoy cada persona mayor de 15 años realiza, en promedio, 435 pagos digitales al año. Son cifras que reflejan cuánto ha avanzado el ecosistema, pero también plantean al menos dos preguntas distintas: ¿qué necesidades de los usuarios quedan pendientes de atender? y ¿cómo los actores de la industria de los pagos van a atender esas necesidades?
Para los usuarios hay dos intransables: pagos seguros y simples. Invariablemente los usuarios han preferido los usos en los cuales en primerísimo lugar perciben que su dinero se encuentra debidamente protegido y, luego, que implican el mínimo esfuerzo en su ejecución. Por ello, no sorprenden ni el fuerte crecimiento ni la elevada penetración que tienen los pagos en tarjetas, muy especialmente en débito.
Por otra parte, hoy hablamos de interoperabilidad, nuevas tecnologías y un marco regulatorio en evolución. Por tanto, la industria de pagos entró en una etapa donde la complejidad será el principal desafío, y las capacidades para afrontarla serán un factor diferenciador. La innovación seguirá siendo fundamental y su valor estará determinado por la capacidad de convertirla en soluciones que funcionen de manera confiable, a escala y en un ecosistema donde conviven cada vez más actores.
“La industria de pagos entró en una etapa donde la complejidad será el principal desafío, y las capacidades para afrontarla serán un factor diferenciado”.
Todo ello eleva las exigencias para los distintos actores llamados a participar, y les traspasa responsabilidades a honrar frente a la sociedad.
Nuestros reguladores tienen la misión de fomentar el crecimiento del mercado, facilitando la adopción de nuevas tecnologías y ampliando la base de proveedores de los distintos servicios, a la vez que resguardan la integridad de la cadena de pagos y entregan los lineamientos que permitan una adecuada supervisión y control de los riesgos asociados.
Luego, los distintos actores no solo deben desarrollar nuevas soluciones y productos, también deben implementarlas con seguridad, integrarlos en múltiples capas de valor y responder a necesidades cada vez más específicas, haciéndose cargo de las necesidades de las personas y de las empresas con una visión integral.
Después de casi cuatro décadas participando en la evolución de los pagos en Chile, en Transbank una cosa nos parece clara: a medida que una industria madura, la experiencia deja de ser solo una historia que contar y se transforma en una capacidad para resolver problemas cada vez más complejos. La pregunta no será únicamente quién es capaz de innovar más rápido, sino quién está preparado para responder a los desafíos que vienen.