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Columnistas

De Berna a la inteligencia artificial: la gran reforma que deberíamos emprender

MAXIMILIANO SANTA CRUZ ABOGADO, EXDIRECTOR DE INAPI

Por: MAXIMILIANO SANTA CRUZ

Publicado: Miércoles 9 de septiembre de 2026 a las 04:03 hrs.

Hoy se cumplen 140 años de la firma del Convenio de Berna para la Protección de las Obras Literarias y Artísticas. Este fue el resultado de la campaña de Víctor Hugo y de la Asociación Literaria y Artística Internacional, creada en París en 1878 bajo su presidencia de honor para proteger internacionalmente a los autores.

Los derechos de autor protegen las obras que nutren el arte, la cultura y las humanidades. Constituyen la infraestructura jurídica que permite transformar la creatividad y el conocimiento en inversión, empleo y contenidos regulados bajo reglas claras.

Nuestra ley de 1970, que tuvo su última gran reforma en 2010, actualizó el régimen de excepciones, delitos y responsabilidad de Internet. Estaba pensada para la piratería y los intermediarios de la primera Internet y, en varios aspectos, nació obsoleta.

“Pese a los compromisos asumidos en los Tratados de Internet y en el TLC con EEUU, Chile aún carece de una regulación general”.

A 30 años de los Tratados de Internet de la OMPI, que adaptaron el Convenio de Berna a la era digital, nuestra legislación está desactualizada y fragmentada. Los derechos de los creadores audiovisuales se regulan fuera de la Ley Nº 17.336; los delitos contra la propiedad intelectual se vinculan ahora con la Ley de Delitos Económicos, y se ha intentado regular la minería de textos y datos en proyectos sobre IA e incluso en una ley miscelánea. Esta dispersión eleva los costos, dificulta el licenciamiento, desalienta la inversión e impide equilibrar los intereses de creadores, empresas y ciudadanos.

Un ejemplo son las medidas tecnológicas de protección: “candados digitales”, como muros de pago o mecanismos anticopia, esenciales para negocios como el streaming o la lectura de este diario. Pese a los compromisos asumidos en los Tratados de Internet y en el TLC con EEUU, Chile aún carece de una regulación general. El proyecto del Senado es insuficiente y desequilibrado: sacrifica el balance del TLC entre proteger esos mecanismos y los usos legítimos como la interoperabilidad, la seguridad y la accesibilidad.

Otro vacío es la falta de un régimen de obras huérfanas: obras protegidas cuyos titulares no pueden ser identificados o localizados. Aunque investigadores o editores deseen obtener una autorización e incluso pagar, no tienen a quién dirigirse.

La IA vuelve impostergable la discusión. Debemos definir qué actos ocurren durante el entrenamiento de modelos; cuándo corresponde autorización, exclusión o remuneración, y qué resultados merecen protección. El nuevo marco podría exigir que los contenidos generados sustancialmente por IA se identifiquen como tales y conserven información sobre su procedencia. En un entorno de textos, imágenes, voces y videos sintéticos, saber si estamos ante una creación humana ya no es un detalle.

Esto no se resuelve con artículos aislados. Chile necesita una reforma integral y una nueva ley tecnológicamente neutral que ordene las normas, modernice derechos y contratos, incorpore obras huérfanas, actualice la responsabilidad de las plataformas y dote al sistema de una institucionalidad robusta.

No se trata de favorecer a un grupo, sino de dar a todos certeza para crear, invertir, licenciar e innovar. A 140 años de Berna, es hora de diseñar el sistema que Chile necesita y retomar la idea que impulsó Víctor Hugo: que las obras crucen fronteras sin abandonar a sus autores.

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