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Columnistas

Las pensiones también se juegan antes de los 30

PEDRO PIZARRO Vicepresidente Instituto Libertad

Por: PEDRO PIZARRO

Publicado: Jueves 15 de octubre de 2026 a las 04:03 hrs.

Las dificultades que experimentan hoy los jóvenes para acceder a un empleo formal afectan tanto sus ingresos actuales como sus futuras pensiones. La disminución de cotizantes menores de 30 años es una señal de alerta sobre ambas dimensiones del problema.

Según cifras de la Superintendencia de Pensiones, en junio los cotizantes de este grupo sumaron 1.270.690, una caída de 2,3% en 12 meses. El retroceso fue mayor entre las mujeres, con una baja de 2,9%. Detrás de estos números confluyen cambios demográficos y obstáculos para acceder al trabajo que debemos abordar.

El ingreso más tardío a la actividad laboral, la menor llegada de inmigrantes, generalmente más jóvenes, y el envejecimiento de la población ayudan a explicar esta evolución. A ello se agregan las dificultades que enfrentan los jóvenes para ingresar al mundo del trabajo y la mayor informalidad en este grupo, que suele dejar a las personas sin continuidad en sus cotizaciones.

“La caída de cotizantes jóvenes ratifica que las decisiones sobre las pensiones del futuro empiezan en el presente”.

En las mujeres, las responsabilidades de cuidado añaden otra barrera. La falta de apoyo puede postergar su incorporación laboral o interrumpirla justamente cuando comienzan a construir su trayectoria. Avanzar en corresponsabilidad y acceso a sala cuna tiene, así, un efecto que alcanza también a sus futuras pensiones.

Las primeras cotizaciones tienen un valor especial porque disponen de más tiempo para acumular rentabilidad. El interés compuesto permite que los rendimientos se incorporen al ahorro y generen nuevos rendimientos. Por eso, los años sin aportes al comienzo de la vida laboral pueden dejar una huella difícil de compensar después.

También existe el riesgo de que la informalidad se prolongue. Si trabajar sin cotizar se vuelve una práctica habitual, la incorporación al empleo formal podría ser más difícil. La respuesta exige facilitar esa transición, generar oportunidades y explicar desde temprano la relación entre cotizaciones y protección social.

Las lagunas previsionales pueden complicar el cumplimiento de los períodos mínimos exigidos para acceder al beneficio de UF 0,1 mensual por cada año cotizado. Para quienes poseen esta cobertura, la falta de aportes afecta tanto el ahorro acumulado como el derecho a recibirlo. Si estas trayectorias terminan en un ahorro insuficiente, aumentará la dependencia del apoyo estatal durante la vejez y la presión por fortalecer la PGU. En una sociedad que envejece, esa demanda plantea un desafío de financiamiento que es necesario anticipar.

Mejorar las pensiones exige actuar sobre las condiciones que permiten construirlas. Facilitar el primer empleo formal, reducir las barreras de contratación y apoyar a quienes asumen tareas de cuidado debe formar parte de la agenda previsional.

El ingreso más tardío al sistema y el aumento de la esperanza de vida obligan también a abordar la edad de retiro. Esto implica considerar cuánto tiempo podemos cotizar y las posibilidades reales de mantener un empleo a edades más avanzadas. La caída de cotizantes jóvenes ratifica que las decisiones sobre las pensiones del futuro empiezan en el presente.

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