Chile moderniza su mercado de capitales
MARÍA PÍA AQUEVEQUE Directora de empresas, experta internacional en activos digitales
Chile quiere recuperar profundidad financiera y consolidarse como centro regional de inversión. MK4 propone mini bonos, un segmento bursátil para empresas en crecimiento y registros más ágiles. Pero atraer capital no basta: importan los costos de movilizarlo, las condiciones de acceso y quién captura las ganancias de eficiencia.
La OCDE advirtió que los retiros previsionales de 2020 y 2021, cercanos al 20% del PIB, deterioraron la profundidad y liquidez del mercado chileno. Reconstruir el ahorro de largo plazo es indispensable; canalizarlo hacia empresas y proyectos productivos con menos fricciones también. La tecnología no crea ahorro, pero puede mejorar su circulación.
Chile ya dispone de capacidades. El DCV participó en una emisión bancaria digital por $ 40 mil millones, mientras el Banco Central simuló bonos tokenizados liquidados contra dinero digital mayorista. Una fue una operación real; la otra, una prueba controlada. Ninguna demuestra todavía ahorros generalizables.
“La ventaja competitiva de Chile no será tener una plataforma única ni tokenizar más acciones, sino conectar infraestructuras que compitan”.
Europa ofrece una lección institucional: su régimen piloto DLT permite experimentar bajo supervisión; Pontes facilita liquidar activos tokenizados en dinero de banco central y Appia estudia tanto registros compartidos como redes interconectadas. La apuesta es combinar competencia, interoperabilidad y certeza jurídica, no imponer una plataforma única.
Estados Unidos muestra las tensiones. DTCC procesó operaciones reales con valores tokenizados y la SEC abrió una exención condicionada para negociar acciones tokenizadas. 16 emisores, incluidos Microsoft y Alphabet, objetaron su negociación en una plataforma específica; no todos explicaron sus motivos. La controversia plantea preguntas sobre derechos, formación de precios y acceso, sin demostrar que más plataformas sean perjudiciales.
Aquí está la distinción: descentralizar no es fragmentar. Múltiples plataformas pueden competir e innovar si comparten estándares y conectan liquidez, precios y registros. Tampoco se trata de replicar el sistema actual sobre las nuevas tecnologías, estas deben servir para rediseñar procesos, automatizar operaciones y reducir costos. Pero una infraestructura distribuida puede concentrar poder si alguien controla sus reglas o accesos. Sin competencia ni transparencia tarifaria, las eficiencias pueden quedarse en los operadores.
MK4 podría articular una estrategia interoperable sobre las capacidades existentes, sin duplicar Atena, el entorno de pruebas de finanzas abiertas de la CMF. Con el Banco Central participando dentro de sus atribuciones, habría que evaluar acceso, titularidad, liquidación, costos y riesgos, y medir beneficios para empresas y ahorrantes. La comparación debe hacerse contra los sistemas vigentes, con métricas públicas, no contra promesas tecnológicas.
La ventaja competitiva de Chile no será tener una plataforma única ni tokenizar más acciones, sino conectar infraestructuras que compitan. No se trata de repartir la misma torta entre más intermediarios, sino de agrandarla: atraer inversión, ampliar el acceso y ofrecer mejores condiciones de financiamiento a más empresas.