Durante casi dos décadas, Charlie de Smet d'Olbecke administró una estancia en el Valle Chacabuco, Región de Aysén, hasta que en 2004 los terrenos fueron adquiridos por el empresario y conservacionista Douglas Tompkins.
Con 54 años, y buscando reinventarse, el agrónomo decidió aprovechar sus raíces belgas y la calidad del agua de la Patagonia para comenzar a elaborar su propia cerveza. En junio de 2005 produjo su primer lote tipo Lager bajo la marca D'Olbek, concretando sus primeras ventas en agosto de ese año.
Pero los inicios estuvieron marcados por las dificultades logísticas propias del aislamiento de Coyhaique, desde conseguir insumos hasta el envío de los primeros barriles a Puerto Montt. "Yo tenía a la mayoría de mis hijos estudiando en Viña. Les mandaba cajas de cerveza y les decía: no tengo plata, pero tengo cerveza. Ellos las vendían y eso me permitió entrar de a poquitito al mercado", recuerda el empresario.
Hoy, el escenario es muy distinto. Cervecería D'Olbek cerró 2025 con un volumen de 3,5 millones de litros y para este año proyecta un crecimiento de 10%. "Los últimos 10 años promediamos un crecimiento anual de 25%", detalla el gerente general, José Luis Urrejola.
Para sostener este ritmo productivo, la firma ha ejecutado inversiones en torno a $ 1.500 millones, enfocadas principalmente en capacidad y calidad, incorporando nuevos estanques, líneas de envasado, pasteurizadores y una enlatadora. La meta ahora es duplicar el volumen actual de producción a 2030.
Alianza logística y diversificación
El punto de inflexión se produjo a principios de 2010, cuando establecieron un acuerdo de distribución con Kunstmann, que les permitió masificar su llegada a nivel nacional, sorteando los altos costos logísticos de despachar 100% desde Coyhaique. Gracias a este modelo, la Región de Aysén hoy representa solo 10% de sus ventas, mientras que el 90% restante se distribuye al resto de Chile.
En cuanto a su portafolio, D'Olbek comercializa siete etiquetas, siendo la variedad a base de Maqui (lanzada en 2015) la que lidera las ventas, traccionando a otros clásicos como la Lager, la Ale y la Stout. Adaptándose a la compleja realidad postpandemia y buscando la mayor conveniencia del consumidor, la empresa apostó fuerte por la lata de 470 cc. y la botella de 500 cc., formatos que además permiten una mejor conservación de las variedades más lupuladas.
Para este semestre, la hoja de ruta incluye lanzamientos estratégicos. En agosto presentarán una partida de stock limitado en botella de 750 cc., una variedad Saison (cerveza de granja de estilo belga), de características secas y refrescantes, añejada en barricas de roble francés. Posteriormente, en octubre, estrenarán a nivel nacional una nueva variedad en lata que promete fusionar la tradición de Bélgica con las preferencias locales. Paralelamente, la marca explora el desarrollo de líneas más livianas enfocadas en la tendencia del wellness.
Este laboratorio de innovación tiene su epicentro en "La Taberna", el restaurante cervecero integrado a la fábrica en Coyhaique, donde trabaja gran parte de sus 35 colaboradores. En este recinto mantienen más de 15 variedades en prueba, experimentando constantemente con maderas de roble francés y americano, e impulsando iniciativas estacionales como cervezas de invierno con mayor grado alcohólico y frutos rojos.
Identidad y proyecciones
El éxito comercial ha ido de la mano con una potente construcción de marca, liderada por Adeline de Smet d'Olbecke, hija del fundador y jefa de imagen. En sus inicios, las botellas llevaban la figura de un cóndor, una antigua mascota de Charlie en los años ‘80, pero la diseñadora notó un fenómeno particular en las ferias cerveceras que motivó el rediseño inspirado en caricaturas belgas. "Me di cuenta que Charlie tenía mucho arrastre. La gente quería hacer filas eternas para que la cerveza se la sirviera él antes que cualquier otra persona. Entonces me di cuenta que él era el personaje, el atractivo, y tenía que transformarse en la imagen de la marca", relata Adeline.
De cara a los próximos cinco a 10 años, D'Olbek apunta a consolidar su penetración en la zona norte y centro del país, además de fortalecer su formato tipo schop (de barril, servida con grifo). A nivel internacional, si bien Chile sigue siendo la prioridad, la empresa ya ha realizado exploraciones preliminares en Brasil y Costa Rica, y mantiene en su radar la posibilidad de exportar a mercados limítrofes como Argentina, Perú y el propio Brasil.
"El sueño es que el chileno de Arica o de Punta Arenas, cuando hable de D'Olbek, lo asocie con Coyhaique, y cuando hable de Coyhaique lo asocie con D'Olbek, que lo disfruten como un producto natural de la Patagonia", concluye Charlie de Smet d'Olbecke.