La derrota de Portugal frente a España, que tuvo como consecuencia la salida del astro portugués Cristiano Ronaldo de la competición, y la eliminación de Estados Unidos, ambos en los octavos de final de la Copa del Mundo, produjo un desplome en las entradas para la siguiente fase.
Lo que hasta el lunes podía ser un duelo de enorme atractivo comercial se ha convertido, de golpe, en una prueba de estrés para la burbuja de precios del torneo. El diagnóstico es evidente, sin anfitrión y sin Cristiano Ronaldo, el mercado corrige con violencia.
El precio mínimo para acceder al partido del viernes (España vs. Bélgica) pasó de US$ 2.950 a cerca de US$ 1.200 en la reventa, según los datos de TickPick, la ticketera autorizada para emitir los boletos, publicados por Forbes. La rebaja en el valor ronda un 60%, una cifra impensada de un torneo que se presentaba como el más caro de la historia.
El ajuste no se limita a Los Ángeles. Según la misma plataforma, los precios medios de entrada para los cuartos de final han caído 31,5% en un solo día y 50,4% en tres jornadas.
Además, la oferta disponible en el mercado secundario se disparó hasta 49.415 entradas, frente a las 28.285 existentes al inicio del torneo. Muchos de los compradores que adquirieron sus entradas anticipadamente, esperando ver a su selección o al ídolo portugués en la siguiente fase, han comenzado a vender sus boletos antes que su precio siga bajando.
La gran excepción continúa siendo la final del 19 de julio en Nueva Jersey, cuyo precio mínimo se sitúa en US$ 9.346. Sin embargo, también está expuesta a cambios imprevistos en caso que las selecciones candidatas a ganar el Mundial pierdan en las fases previas como Argentina, España, Inglaterra o Francia.