La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) celebrará este 7 y 8 de julio una de las cumbres más complejas de los últimos años. La reunión congregará en Ankara a los líderes de los 32 países miembros, con Donald Trump como principal foco político del encuentro. Con el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, como anfitrión, la alianza buscará proyectar una imagen de cohesión en un momento particularmente delicado para su seguridad.
En el encuentro al que también asistirán el Presidente francés Emmanuel Macron, el canciller alemán Friedrich Merz, los primeros ministros de Italia Giorgia Meloni y del Reino Unido Keir Starmer, entre otros, los integrantes de la alianza reafirmarán su "compromiso inquebrantable" con el principio de defensa colectiva consagrado en el Artículo 5 del Tratado, que establece que un ataque contra un aliado equivale a un ataque contra todos.
Lo anterior ocurrirá en un escenario internacional de alta volatilidad, que quedó de manifiesto en los días previos a la reunión. Durante el fin de semana, Rusia lanzó uno de sus mayores bombardeos recientes contra Kiev, mientras Ucrania respondió intensificando los ataques con drones contra infraestructura energética y objetivos militares en territorio ruso. Paralelamente, este lunes Moscú y Beijing dieron inicio a nuevas maniobras militares conjuntas en el Pacífico, reflejando un creciente nivel de coordinación estratégica entre ambas potencias que preocupa a la OTAN.
Mientras el entorno de seguridad se deteriora, la cumbre también estará marcada por las tensiones dentro de la propia alianza. Persisten las dudas sobre el compromiso de Estados Unidos con la defensa europea, en medio de las diferencias que Donald Trump mantiene con varios de sus socios del bloque. El mandatario conversó durante el fin de semana por separado con Vladimir Putin y Volodímir Zelenski y confirmó que sostendrá una reunión con el presidente ucraniano en Ankara, en un nuevo intento por destrabar las negociaciones de paz.
La presión chino-rusa
Más allá de los acontecimientos de las últimas horas, la OTAN observa con creciente preocupación la convergencia estratégica entre Moscú y Beijing. Aunque China no participa directamente en la guerra de Ucrania, la alianza ha endurecido progresivamente su diagnóstico sobre el papel de Beijing desde las cumbres de Washington (2024) y La Haya (2025), donde pasó a considerar que el respaldo político, económico y tecnológico chino ha contribuido a sostener el esfuerzo bélico ruso frente a las sanciones occidentales.
Esa percepción se ve reforzada por las maniobras navales iniciadas este lunes frente a Qingdao, ciudad portuaria de la provincia de Shandong, en la costa del mar Amarillo, una zona estratégica para las operaciones navales chinas y cercana a la península de Corea.
En estas operaciones participan buques de guerra, un submarino y aeronaves de ambos países, en un ejercicio que el Kremlin calificó de "defensivo" y aseguró que "no está dirigido contra ningún Estado". Para la OTAN, sin embargo, el despliegue constituye una nueva demostración de la creciente coordinación militar entre ambas potencias, en momentos en que la alianza busca ampliar su atención hacia el Indo-Pacífico.
La preocupación va más allá del simbolismo. En los últimos años, la OTAN ha incorporado progresivamente al Indo-Pacífico dentro de sus prioridades estratégicas y ha estrechado la cooperación con Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda. El objetivo es prepararse para un escenario en que los desafíos de seguridad ya no provengan únicamente del frente europeo, sino también de una creciente coordinación entre Rusia, China y otros actores que desafían el orden internacional liderado por Occidente.
El examen de Trump a Europa
Sin embargo, el principal desafío político de la cumbre estará dentro de la propia alianza.
Trump llegará a Ankara decidido a exigir que los aliados aceleren el aumento de su gasto en defensa hasta el equivalente al 5% del PIB, una meta que ha defendido reiteradamente desde su regreso a la Casa Blanca. Washington considera que Europa debe asumir una mayor parte de la carga militar y ha advertido que no bastan compromisos graduales: espera avances concretos lo antes posible.
Los líderes europeos, por su parte, buscarán convencer al mandatario estadounidense de que ese proceso ya está en marcha. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha insistido en que los países europeos y Canadá están asumiendo una mayor responsabilidad en la defensa del continente y que el desafío ahora es transformar ese mayor gasto en capacidades militares concretas, desde armamento hasta una expansión de la industria de defensa. De hecho, el secretario general espera que durante la cumbre se anuncien nuevos contratos de armamento por decenas de miles de millones de dólares.
Ese mensaje también ha sido reforzado por Alemania. El canciller Friedrich Merz aseguró que su país duplicará el presupuesto de defensa en un plazo de cuatro años y alcanzará el objetivo del 3,5% del PIB en 2029, seis años antes del plazo fijado por la OTAN. "No tenemos motivos para avergonzarnos ante nadie", afirmó, después de que Trump calificara de "ridículos" los esfuerzos alemanes en materia de defensa.
Las exigencias de Washington llegan tras meses de fricciones. La administración Trump criticó a varios aliados por negarse a facilitar operaciones militares durante la guerra con Irán, anunció la retirada de unos 5.000 soldados estadounidenses de Europa y puso en marcha una revisión de seis meses sobre su presencia militar en el continente. A ello se suma la incomodidad que ha generado la insistencia del presidente estadounidense en adquirir Groenlandia, territorio perteneciente a Dinamarca, otro miembro de la OTAN.
Bilateral EEUU-Ucrania
En ese contexto, uno de los encuentros más observados será la reunión entre Trump y Zelenski.
Aunque el mandatario estadounidense prometió durante su campaña terminar la guerra en un día, la negociación permanece bloqueada y la propia Casa Blanca reconoce que ninguno de los dos bandos ha conseguido avances decisivos. Los líderes europeos esperan aprovechar la cumbre para reactivar los esfuerzos diplomáticos y asegurar que el conflicto vuelva a ocupar un lugar prioritario en la agenda de Washington, luego de que durante meses la atención estadounidense estuviera concentrada en la guerra con Irán.
Más allá de la reunión bilateral, la OTAN prevé ratificar un nuevo compromiso financiero con Kiev. El borrador de la declaración, consignado por Reuters, contempla al menos 70.000 millones de euros (unos US$ 80.000 millones) en ayuda militar para 2026 y niveles equivalentes para el año siguiente, una señal de que los aliados buscan asegurar la continuidad del apoyo occidental pese a las tensiones políticas que atraviesa la alianza.