A tres años de haber asumido la presidencia de Argentina, la administración de Javier Milei acumula una serie de cambios que han modificado la economía del país. Con un régimen de orden fiscal como estirpe, el mandatario argentino logró reducir la inflación anual de tres a dos dígitos, implementó una reforma al Banco Central para otorgarle más independencia y comenzó a dar los primeros pasos para abrir Argentina al comercio exterior.
Sin embargo, el crecimiento sigue sin despegar. Según datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec), el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) cayó un 2,9% mensual en julio y un 1,4% interanual, debido en gran parte a las caídas en la industria manufacturera y el comercio. Los datos llevaron a JPMorgan a modificar sus perspectivas de crecimiento para Argentina de un 2,7% a un 1,5% para 2026, y hasta anticipó una contracción anualizada en torno al 4% para el tercer trimestre.
Durante su visita a Chile para la presentación de su libro “Parásitos de la Argentina” –organizada por la Fundación Para el Progreso (FPP)–, el exsecretario de PYMES, Emprendedores y Economía del Conocimiento de la Nación de la administración de Milei, Marco Ayerra, conversó con DF para abordar la gestión económica del gobierno, los desafíos que quedan y su expectativa para las elecciones presidenciales del próximo año.
- ¿Cómo evaluaría el manejo económico de Milei? ¿Cuáles han sido sus principales logros?
- Un enorme logro ha sido el orden fiscal. Fue inesperado en Argentina, porque hizo inmediatamente lo que dijo que haría. Obviamente la caída de inflación cuesta, tarda tiempo y mucha inercia, pero ya bajó muchísimo.
Además, se ha normalizado el tipo de cambio. La brecha cambiaria eliminó la mayoría del cepo cambiario. Hoy ya no hay problemas para importar, exportar, no hay la distorsión que había de una brecha dramática.
Recompuso las reservas del Banco Central y normalizó el comercio exterior. Abrió muchos mercados para los productores y logró que haya no solo superávit primario, sino también financiero y ahora comercial y está creciendo muy fuerte.
El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) fue un éxito. Hay proyectos presentados por unos US$ 200 mil millones y ya hay US$ 50 mil aprobados. El cambio en Argentina ha sido impresionante, uno olvida a veces de donde veníamos.
“Para mí lo que hace muy bien el gobierno es mantenerse en el rumbo; el rumbo es potenciar lo nuevo, mostrar que está cumpliendo con lo que prometió y con los principios de este modelo”.
- ¿Qué debilidades de la gestión económica de Milei reflejan las cifras más recientes?
- Esto es parte de un proceso. El país se está normalizando, transformando. Argentina viene de las palabras “inflación y protección”, que dejaban cómodos a unos pocos, generando pobreza. Ahora estamos con la palabra “competitividad”. Todos tenemos que ser competitivos y eso requiere una transformación muy fuerte que hace que algunos sectores crujan, como una evolución asimétrica.
Sectores como la minería, energía, y agro están andando muy bien. Hay otros que están crujiendo. Lo que nace, nace en el interior del país y lo que muere, muere en los conurbanos. Eso va generando estas disrupciones, que son parte de un proceso muy saludable, pero costoso. No lo veo como una falla, sino como parte del proceso que transita el programa.
- ¿Qué políticas podrían cambiar este rumbo?
- No hay plata para defender algún sector que cueste fiscalmente. Tampoco se puede proteger a uno si eso implica dar la espalda al consumidor.
Para mí lo que hace muy bien el gobierno es mantenerse en el rumbo; el rumbo es potenciar lo nuevo, mostrar que está cumpliendo con lo que prometió y con los principios de este modelo. Hay empresarios que tienen que transformarse.
Los argentinos no tenemos que esperar al “papá Gobierno” para que nos ayude a transformarnos, sino entender cuál es la nueva Argentina y adaptarnos. Ese es el gran desafío de los argentinos y por eso yo menciono los parásitos que son un ecosistema de actividades que parasitan la competitividad y están frenando la transformación, que es un tema que excede a Milei.
- ¿Qué reformas quedan pendientes?
- Sin dudas una impositiva, que requiere apoyo en el Congreso. Argentina tiene que simplificar y eliminar impuestos distorsivos. El peor impuesto de todos, según el consenso, es el de Ingresos Brutos, un impuesto en cascada que es provincial.
Está pendiente la reforma fiscal. La nación bajó dos, tres puntos del producto de impuestos, no es suficiente. Mucho debe pasar de vuelta en provincias y municipios. Además, debe haber una reforma integral a nivel de nación, que eso está pendiente.
Hubo una reforma laboral muy buena. Hay mucha, mucha litigiosidad. Los accidentes de trabajo son los mismos que en Chile. Sin embargo, la cantidad de juicios por accidente de trabajo es 23 veces más grande en Argentina que en Chile. Eso es lo que tiene que cambiar. Se requiere una transformación cultural.
Lo que necesita Argentina en este nuevo ámbito es lo que está pasando a nivel de gobierno, que es mantener firme el rumbo, que es integrarnos al mundo, abrir mercados, atraer inversiones, etcétera. Pero además hay un gran desafío social, que es que en cada profesión nos convenzamos de que debemos trabajar cada uno en su lugar por la competitividad del país. Eso para mí es el gran desafío, porque ¿qué pasa cuando uno transforma tan dramáticamente un país? Uno cruje. La forma de salir adelante es que tengamos claro que ese es el rumbo que nos conviene.
- El próximo año habrá elecciones presidenciales, ¿qué expectativas tiene del tramo final del mandato de Milei? ¿Podría ganar la reelección?
- Sí. Él para mí significa un rumbo. Pero también la fortaleza de Milei depende de que los argentinos sigamos convencidos de que, aunque duela, este rumbo nos conviene.