La incorporación de Chile al Escudo de las Américas fue presentada este martes por La Moneda principalmente como una decisión en materia de seguridad. El gobierno definió la iniciativa impulsada por Estados Unidos como un “mecanismo de coordinación voluntaria” para combatir el crimen organizado transnacional y destacó el acceso a información especializada, análisis de datos, capacitación para Carabineros y la PDI y una mayor coordinación fronteriza.
El propio Presidente José Antonio Kast buscó delimitar sus alcances. “Acá no hay un tratado”, afirmó, señalando que se busca una coordinación contra el crimen organizado.
Pero la declaración conjunta suscrita por Chile y los demás participantes contiene una dimensión económica explícita. El documento publicado por el Departamento de Estado de EEUU estructura el Escudo sobre tres pilares: económico, seguridad y coordinación multilateral.
El primero contempla fortalecer la cooperación económica; explorar mecanismos de investment screening; resguardar las cadenas de suministro de minerales críticos mediante fuentes diversificadas y confiables; y promover regulaciones para “proveedores confiables” de infraestructura digital. Además, señala que la “soberanía económica” se defiende cuando el capital que ingresa a los países es “transparente y verificable” y plantea profundizar la cooperación en inversiones y asuntos económicos.
La dimensión económica no apareció esta semana. En marzo, cuando se puso en marcha el Escudo, Panamá vinculó oficialmente la iniciativa con la “prosperidad económica” del hemisferio y la enviada especial de EEUU para esta iniciativa, Kristi Noem, afirmó que abriría oportunidades de negocios e inversiones, incluso en tecnología.
El componente económico también se reflejó en la reunión de este martes en Nueva York. Junto al Presidente estadounidense Donald Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio; estuvieron el secretario del Tesoro, Scott Bessent; y el representante comercial, Jamieson Greer. Este último ya había participado en marzo en reuniones vinculadas a la cumbre del Escudo, abordando bilaterales de comercio y cooperación económica.
Similitudes con los ART
La selección de las materias económicas cobra especial relevancia al compararla con los Acuerdos de Comercio Recíproco (ART) impulsados por Washington, que combinan política comercial y seguridad económica en áreas que también aparecen en el Escudo, es decir, inversiones, minerales críticos, cadenas de suministro e infraestructura tecnológica.
Para el exjefe del departamento económico de la Embajada de Chile en Estados Unidos, Matías Pinto, la coincidencia no es casual. “El Escudo de las Américas lo que está dando es el paraguas de la política de seguridad económica de Estados Unidos para las Américas”, sostiene. Según explica, los ART son uno de los instrumentos para implementar esa política y, por ello, “no es inocua esa selección de sectores”.
Argentina, otro miembro del Escudo, ilustra el paralelo. En su Acuerdo de Comercio Recíproco e Inversión con EEUU incluyó un capítulo de “Economic Security Alignment” sobre seguridad de inversiones, controles de exportaciones, minerales críticos e infraestructura tecnológica. El patrón se repite en El Salvador, con disposiciones sobre cadenas de suministro, inversiones y controles de exportaciones, y en Malasia, que acordó explorar un mecanismo para revisar inversiones entrantes por riesgos para la seguridad nacional, incluyendo minerales críticos e infraestructura crítica.
De todas maneras, Pinto -también partner en Geogig Consulting- advierte que el Escudo no debe entenderse como un ART ni necesariamente genera las mismas obligaciones jurídicas. Lo define más bien como una señal política de acercamiento a Washington y una intención de cooperación en estas materias. “Es un alineamiento geopolítico de Chile a EEUU, sobre todo en materia de seguridad, incluyendo seguridad económica”, sostiene. Dicho eso, destaca: “Un alineamiento geopolítico es por definición contrario a una neutralidad entre dos grandes potencias”.
Implicancias para la relación con China
De hecho, no demoró en surgir a nivel nacional el debate sobre qué implica para la relación bilateral con China la incorporación de Chile al Escudo de las Américas.
El exdirector general de Relaciones Económicas Internacionales (Direcon), Osvaldo Rosales, pone el foco en el investment screening, planteando que aunque el documento no identifica países, “da la impresión que esto significa bloquear inversiones chinas”. También manifiesta preocupación por el compromiso de diversificar el suministro de minerales críticos, considerando que Chile ya suscribió un acuerdo de cooperación con EEUU en esta materia.
La Moneda, en cambio, descarta que la adhesión tenga consecuencias para la relación comercial con Beijing. En su calidad de vicepresidente, Claudio Alvarado aseguró que “no está en juego la relación con China”, recordó que es el principal socio comercial del país y sostuvo que “el desarrollo comercial de cada país es independiente”.
Alvarado explicó que el investment screening debe entenderse en el marco del combate al crimen organizado. “El tema económico dice relación con la evaluación de inversiones”, afirmó, señalando que a través de ellas pueden ingresar “dineros mal habidos que financian organizaciones criminales” y que el intercambio de información permitiría detectarlos. Según el vicepresidente, el Escudo es un “acuerdo de carácter político” para coordinar la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, y no modifica las relaciones comerciales que cada país mantiene con terceros.