La industria vitivinícola chilena comenzó a aterrizar las nuevas reglas para producir y comercializar vinos de menor graduación alcohólica en el país, luego de que el Ministerio de Agricultura modificara el reglamento de la Ley de Alcoholes para incorporar formalmente esta nueva categoría.
Recordemos que la nueva regulación reconoce como “vino bajo alcohol” a las bebidas elaboradas exclusivamente sobre la base de zumo de uva parcial o totalmente fermentado -excluidas las uvas de mesa-, mediante prácticas enológicas autorizadas, que cuente con una graduación alcohólica real mínima de 8,5° y una graduación potencial inferior a la exigida para el vino tradicional.
Así, el cambio no modifica el piso de 11,5° que continúa rigiendo para este último. Lo que hace es abrir una categoría adicional para aquellos productos que se encuentren bajo ese umbral, algo que hasta ahora no estaba expresamente reconocido para su comercialización como vino en Chile.
Con ese marco ya establecido, el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) dio el siguiente paso y fijó las condiciones que deberán cumplir los productores que quieran elaborar y vender estos productos, mediante una resolución publicada en el Diario Oficial.
Uno de los focos estará puesto en acreditar que la menor graduación alcohólica provenga de las características de la materia prima y del proceso productivo. Para ello, el SAG exigirá información desde la cosecha y durante la elaboración del vino, además de análisis destinados a verificar su genuinidad y determinar, entre otros aspectos, si existió adición de agua exógena.
El objetivo, según establece la resolución, es contar con antecedentes que permitan seguir los movimientos de las uvas y los vinos durante la vinificación y controlar el producto antes de que llegue al mercado, evitando eventuales fraudes en la elaboración de esta nueva categoría.
8,5° será la graduación mínima que tengan estos nuevos productos
Las reglas
De acuerdo al documento, todo productor o elaborador que pretenda fabricar vino bajo alcohol deberá avisar al SAG con al menos cinco días de anticipación la fecha prevista para la cosecha, además de informar el lugar, la variedad de uva, su grado alcohólico probable y el contenido de azúcar.
En dicho momento, establece la nueva normativa, las uvas no podrán superar los 195,3 gramos por litro de azúcar, equivalentes a 20,3° Brix a 20°C.
La exigencia se debe a que la cantidad de azúcar presente en la uva antes de la fermentación está directamente relacionada con la graduación alcohólica que posteriormente puede alcanzar el vino. De esta forma, la regulación apunta a que el menor contenido de alcohol tenga su origen desde la materia prima y las prácticas realizadas en el viñedo, y no simplemente en una intervención posterior para reducir la graduación del producto.
Las bodegas deberán mantener, además, un registro con la fecha de cosecha, variedad, kilos de uva, contenido de azúcar, origen geográfico y rol de la propiedad declarado ante el SAG, o su respectivo código. Los antecedentes deberán enviarse electrónicamente al organismo a más tardar cinco días después de iniciada la fermentación.
El control continuará una vez terminado el proceso. Al concluir la elaboración, la bodega tendrá que comunicarlo al SAG y solicitar una verificación de genuinidad y aptitud. El organismo tomará muestras y realizará los análisis correspondientes, que podrán abarcar la totalidad de una partida de un determinado tipo de vino e identificar las cubas en que se encuentra almacenado.
Solo aquellos productos que obtengan la calificación de “Apto” podrán posteriormente inscribirse en el Registro de Bebidas Alcohólicas, ser envasados y comercializados bajo la denominación de “vino bajo alcohol”.
Vinos de Chile: “Nos pone en igualdad de condiciones”
El gerente general de Vinos de Chile, Claudio Cilvetti, sostuvo que la apertura de la nueva categoría “alinea a la industria nacional con las tendencias mundiales de consumo, especialmente de cara a los consumidores jóvenes”.
Hasta ahora, explicó, se producía una particularidad en el mercado local: en supermercados chilenos podían encontrarse vinos europeos con 8,5° de alcohol, mientras que un producto nacional con esa misma graduación no podía comercializarse como vino en el país.
De ahí que, para Cilvetti, la nueva normativa permita a los productores nacionales competir bajo condiciones más similares a las de sus pares extranjeros.
El ejecutivo planteó, además, que el cambio podría incentivar la innovación y abrir espacio para producir vinos en otras zonas del país, en un escenario marcado por los efectos del cambio climático y el desplazamiento de parte de la actividad vitivinícola hacia sectores más australes y costeros.
Eso sí, Cilvetti detalló que los nuevos vinos bajo alcohol no deben confundirse con los vinos desalcoholizados.
En concreto, explicó que las prácticas enológicas autorizadas serán las mismas aplicables a los vinos tradicionales y la nueva categoría busca reconocer productos concebidos desde su elaboración para alcanzar una menor graduación, en lugar de vinos a los que posteriormente se les extrae alcohol.
Cabe recordar que para impulsar este proyecto, el Minagri planteó que durante los últimos años, en Chile y el mundo se ha visto una “disminución sostenida en el consumo de vino tradicional” y sobrestock del mismo, fenómeno que se atribuye, entre otros factores, a una menor demanda por productos con alto contenido de alcohol.