Gabriel Valdés, el fundador de la DC y su particular relato en una "Cita con la Historia"
Extracto de la entrevista realizada por la historiadora Patricia Arancibia Clavel, en el programa “Cita con la Historia” de ARTV.
Por: Equipo DF
Publicado: Jueves 8 de septiembre de 2011 a las 05:00 hrs.
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Extracto de la entrevista realizada por la historiadora Patricia Arancibia Clavel, en el programa “Cita con la Historia” de ARTV.
- Don Gabriel (...) ¿hasta qué punto su paso por el colegio San Ignacio y el conocimiento del Padre Hurtado marcó su vida futura?
- (...) No cabe duda que los jesuitas forman mucho. Me he dado cuenta por mí y por otros ex alumnos que hay algo que le dejan a uno. Yo diría que es como un ancla en el suelo con un cordel bastante largo, bien largo. Uno sabe que por ese cordel uno está amarrado a ciertos valores que se impregnan (...) Me pasó eso con el Padre Hurtado de quien fui admirador (...) pero él, para serle franco, no fue muy amigo mío. Tenía mejores personas que yo de quienes preocuparse (...)
- ¿Influyó su formación jesuita en su ingreso a la Falange?
- No cabe duda porque me formaron en la preocupación social. Los jesuitas que estaban antes que el Padre Hurtado llegara, cuando yo entré al colegio, eran españoles. Eran sólidos, duros y enérgicos. Pero llegó el Padre Hurtado que, además de su talento y de su carisma, venía de Bélgica y de Irlanda, de un país del norte, con una formación mucho más en compañía, más entretenida. Nos abrió mucho al mundo social. Pero yo entré a este movimiento de la Falange por mi madre, una mujer muy excepcional que fue escritora, pintora, música, un talento muy grande. Ella siempre se rodeó de personas intelectuales, entre otras, de la Gabriela Mistral que vivió en mi casa bastante tiempo. Entonces yo me acostumbré de niño, siendo el menor de la familia, a estar mirando gente muy importante y muy avanzada socialmente desde el punto de vista intelectual, desde el punto de vista moral, incluso desde el punto de vista eclesiástico (...)
- Tengo entendido que usted conoció a Eduardo Frei Montalva en 1934, siendo muy jóvenes....
- Sí. Fui a Europa llevado por mi madre. Yo estaba en el colegio para la primera misa de mi hermano Francisco que la celebró primero en Venecia, donde él estudió, y después en Asís. Estando allá en febrero de 1934, por una razón que no recuerdo, fui invitado a una reunión mundial de los universitarios, delante del Papa Pío XI. Fue ahí que vi y oí hablar a Eduardo Frei en nombre de los estudiantes latinoamericanos. Fue tan hermoso el discurso que llegué a la casa y le dije “mamá, este hombre me entusiasma”. Era un gran orador, tenía una figura grande, esbelta, no sólo la nariz era grande, también sus manos. Me impresionó mucho. Entonces nos conocimos y mi madre lo convidó a Nápoles, donde me hice muy amigo de él. Desde entonces fue para mí como un faro. Lo seguí siempre, en sus candidaturas, en el partido... Entré de la mano de él y de Bernardo Leighton a este movimiento (...)
“Generación lectora”
- La de ustedes era una generación tremendamente lectora...
- De mucha calidad, se leía mucho. Nos prestábamos libros. En ese sentido Eduardo Frei, fue un hombre muy pedagógico, un hombre extremadamente idealista, nos hacía leer, cosa que hoy día no sucede. Hoy día yo veo a los dirigentes políticos que no tienen tiempo ni paciencia para leer. La lectura y la preocupación social de la iglesia estuvo en la base de nuestra formación, hasta que la iglesia dejó de tener ese interés como concepción fundamental de su acción.
- ¿Y cuándo cree usted que eso pasó?
- Después del cardenal Silva Henríquez.
- O sea, con el régimen de Pinochet dice usted...
- Sí. Lo de Pinochet nos rompió definitivamente. No tuvimos una unidad para enfrentarlo, era muy difícil. Porque tampoco tuvimos políticas adecuadas con Allende. El partido falló. Yo no participé mucho porque era ministro de Relaciones en ese período (...)
- ¿Cómo llegó a ser ministro de Relaciones Exteriores de Frei Montalva?
- Porque así se lo pidió Renán Fuentealba. Yo iba a ser ministro del Trabajo. En verdad, primero no iba a ser nada y después embajador en Washington (...) Frei había decidido que Enrique Bernstein, quien era un gran diplomático y amigo de él, iba a ser el ministro, pero el partido que presidía Renán Fuentealba -un querido amigo, de mucho carácter, peleador y muy parado en el hilo- le dijo que no.
- Dicen por ahí las malas lenguas que a usted lo nombraron ministro de RREE porque le hacía mucha sombra a Eduardo Frei...
- ¡Ah! eso no lo sé. Por lo menos la nariz de él era más grande que la mía, así es que la sombra se la daba él mismo. No sé, pero el hecho es que Frei me dio mucha soltura en mi cargo, lo cual por otra parte, me impidió trabajar en política interna. Tuve una enorme libertad. Me entusiasmé mucho con eso, entonces no me involucré en el día a día. Observé sí el abismo que se creó en el partido cuando Frei se peleó con la juventud. Eso me dolió mucho porque mi hijo pertenecía a la juventud demócrata cristiana, junto con Luis Maira, José Miguel Insulza, esa generación. Ese grupo era muy inteligente, eran muy ilustrados, pero ellos tuvieron una dificultad en la Universidad Católica y Frei no los siguió. Dijo que iba a hacer entrar la tropa a la Universidad Católica para sacarlos y yo le dije que iba a estar adentro con los niños. Allí tuve una discusión fuerte con Frei, pero él me respetó mucho siempre.
- ¿Con qué sector de la DC de esa época se sentía más afín?
- Era más amigo de los jóvenes, de los más progresistas. Yo siempre fui considerado como del sector progresista. Nunca fui de los que llamaron en esa época, con un nombre muy feo, los “guatones” (...) Yo no actué en la política contingente. Tenía mucha amistad con Salvador Allende. Uno tenía amistad con todo el mundo. Los ministros de Relaciones tienen que hacer amistad. Veo la diferencia con el día de hoy (...)
- Uno de los temas que tuvo que abordar como ministro fue la postura de Chile frente al avance de la Revolución Cubana cuya influencia llegó incluso a su propio partido. ¿Cómo fueron sus relaciones con Cuba y el mundo socialista? ¿Fue muy difícil para Ud.?
- Con los socialistas chilenos no. Tanto es así que nosotros necesitábamos un socio en el gobierno porque no éramos mayoría. Mayoría fue Frei, muy alta, pero no en el Congreso. Entonces, discutiendo con Frei un día sobre este tema y con Alejandro Hales, que era muy amigo y muy inteligente, convencimos a Frei de que había que buscar apoyo en el Partido Socialista, porque la derecha se arriscó mucho contra nosotros por la reforma agraria (...) Hasta el día de hoy sufren por eso (...)
Golpe desde EEUU
- ¿Dónde le tocó el golpe, en EEUU?
- El golpe lo viví allá. Lo veía venir, vine a Chile para decirle a Frei que venía el golpe (...) Y Allende, ¡absolutamente ignorante de lo que eso significaba! Allende era un producto de una política de los años 40, 50 y 60, un hombre de una generosidad, de una bondad, de una inconciencia de lo que pasaba en el mundo, extraordinaria. Era un socialdemócrata, nunca fue comunista, a mí me decía que nunca había leído ni a Marx ni nada de esas cosas (...)
- ¿Usted alcanzó a conocer al general Pinochet antes del golpe?
- No. Me dijo que yo lo traté mal en los años sesenta y tantos, en Arica. Yo no me acuerdo de él, era coronel, pero en verdad yo no me acuerdo nada. Pero después lo vi y lo saludé cuando entregó el mando. Y me dio la mano con guantes, cosa que no le perdoné nunca (...) Conmigo fue gentil. Me regalaba libros, es un hombre muy atento.
- ¿A pesar del guanaco?
- A pesar, sí. Me metió preso dos veces y la segunda vez, con nombre y apellido. Me trató de “badulaque” en el diario. “El sábado estará preso”, dijo. Y me tuvo preso e incomunicado. Cosa que me hizo mucho bien porque aprendí a ser preso con los presos corrientes de la cárcel. Pero no tengo ningún rencor. Fíjese que yo tengo muchos defectos pero rencor no le guardo a nadie. Me da pena ver la gente que murió, veo la gente que sufrió. Pero yo tuve todos mis hijos prácticamente afuera, aparte del músico que no tuvo nada que ver con esto. Así es que mi familia fue castigada. Pero fue tan emocionante la lucha entonces, tan bonito el triunfo que tuvimos, la recuperación de la democracia me pescó tanto que yo he quedado muy satisfecho de haber podido ayudar gente cuando estaba en Naciones Unidas (...)
- En algún momento se comentó mucho que Ud. se vino desde EEUU a asumir la Presidencia de Chile...
- Yo venía a una reunión de la Cepal justamente el martes 11 de septiembre de 1973 (...) Esa mañana me llama mi mujer que estaba aquí y me dice “hay un golpe”. Vivíamos en el centro y me puso el discurso de Allende. Yo lo oí por teléfono y después escuché disparos al frente del Bellas Artes. Luego se cortó el teléfono. Quedé desesperado, de mi mujer no supe nada. Me vine en el avión con Arturo Alessandri Besa, Fernando Léniz, Ricardo Hormazabal que subió en Panamá y Juan Somavía. Veníamos juntos y al salir, me di cuenta que había algo respecto de mí que yo no sabía. El gran periodista americano que hablaba siempre a las 9 de la noche desde Washington, anunció que había golpe en Chile, que se suponía que había muerto Allende y que viajaba esa noche a Chile, el futuro presidente que era Gabriel Valdés. Ese fue el invento de una persona que era amiga mía hasta ese momento (...) que quería siempre que yo fuera presidente por la admiración que me tenía. Y lo hizo de buena fe. Lo publicaron (...) Luego llegué a Lima y desmentí todo esto. Pero no dejaron que entrara a Chile. Tanto es así que desde el avión le mandamos un cable al general Leigh que suponíamos que estaba a cargo de la aviación, que lo firmó Alessandri, Léniz, yo y Hormazabal, donde le decíamos que autorizara al avión para bajar en Santiago. Pero nos dejaron en Lima y yo seguí a Buenos Aires y de ahí a Lima, no entré a Chile. Me dolió mucho eso porque era contrario absolutamente a lo que yo pudiera pensar.
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