“Algo que estamos trabajando desde hace años es el traspaso generacional. Yo he tenido la suerte de tener ocho hijos, igual que mi padre. Cuando hay ocho hijos todos profesionales, casados, y muchos nietos, entonces la multitud de ideas y de cambios hay que ir organizándolos y hay que ir dándoles formación”, decía en el año 2000 el empresario Manuel Ariztía Ruiz, artífice de Empresas Ariztía, una de las mayores empresas de alimentos avícolas del país, cuando recibía el premio Icare.
La misma firma y familia que hace años ha mantenido un muy bajo perfil, luego de una reestructuración financiera que pudo derivar en la venta de la compañía, o en el hallazgo de un socio, lo que finalmente no sucedió. Manuel Ariztía -cuyo nombre completo es Jaime Manuel de la Cruz Ariztía Ruiz- optó por seguir el camino propio. Y poco se supo después del devenir de este negocio.
Eso, hasta que días antes de Fiestas Patrias ingresaron al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental un nuevo proyecto: una fábrica productora de alimentos para aves que emplazarán en la localidad de Carretera, en Cartagena, región de Valparaíso.
Con el complejo, llamado Fábrica de Alimentos Las Majadas (Fama), Empresas Ariztía regresa al ruedo con una inversión de envergadura -unos US$ 100 millones- en un nuevo plantel. Algo que, salvo las inversiones operativas habituales, hace tiempo no había hecho esta compañía en la que ya cohabitan en la propiedad unas 70 personas si se mide a nivel de personas naturales, pues además de Manuel Ariztía Ruiz, participan sus ocho hijos, algunos cónyuges de éstos y 55 nietos.
Y que este año acaba de lanzar un libro interno, para conmemorar sus 132 años de existencia, en el que con pasajes escritos de puño y letra por Manuel Ariztía, repasaron esta historia. “Se confunde la historia de la familia con la historia de la empresa. Ambas se han desarrollado juntas hasta el día de hoy”, escribió Manuel Ariztía en este documento, en el que detallan el funcionamiento interno de la firma. “Yo hoy día soy optimista”, dijo además en una entrevista con el portal especializado de España AgriBusiness.
Melipilla y los broiler
La historia de la familia Ariztía con sus negocios en Melipilla, partió en 1894 cuando Ricardo Ariztía Pinto -nacido en Sotaquí, Ovalle-, se asentó en la zona, siendo parte de un negocio bancario, como gerente en el Banco de Melipilla. Pero se enamoró de la zona, por lo que decidió comprar terrenos, chacras que dieron origen a la Viña Ariztía. Pero ocurrió que luego debió trasladarse a Europa, como encargado de exportaciones de salitre y yodo para ese continente, por lo que fue su hijo Hernán Ariztía Bascuñán quien quedó a cargo de la viña. Ya en 1913 éste amplió el negocio a la producción frutícola para, a partir de 1936, ampliarse también a la producción de huevos, con unas 20 mil gallinas ponedoras. Y en 1952, el octavo y el menor hijo de Hernán Ariztía, Manuel Ariztía Ruiz, ingeniero comercial PUC, entró a trabajar a la firma y optaron por sumar la producción de pollos broiler, entrando de lleno a la producción avícola como tal, para alimentación, pero que en esas épocas se vendían los animales vivos. En los años ‘60, Manuel Ariztía fue comprando su participación en el negocio a sus hermanos -Carlos, Ricardo y Fernando- y también dejaron el negocio vitivinícola.
Durante el período de la Unidad Popular (UP) Manuel Ariztía se trasladó a Argentina, dedicándose a hacer lo que sabía, producir huevos. Y en 1974, ya de regreso en Chile, se produjo otro cambio, luego de que sus hermanas se quedaron con los negocios de frutales, mientras Manuel Ariztía continuó solo con el desarrollo avícola, acompañado de sus ocho hijos: Manuel José, María Inés, Marcelo, Felipe, Eugenio, Jorge Paulo, María Teresa y Verónica, todos Ariztía Benoit, hijos de María Teresa Benoit, de actuales 93 años, de ancestros franceses, provenientes de la zona de Burdeos. Tal ascendencia hizo que la familia pese a que tiene una cultura muy arraigada al campo y a Melipilla en particular -donde siguen estando los headquarters de la compañía-, mantuviera tradiciones propias de la cultura gala, como que, a la hora de los postres, ofrecen quesos.

Presidente honorario, con un consejo
Manuel Ariztía ha sido así el artífice de Empresas Ariztía y se le considera como de los primeros en innovar vendiendo el pollo trozado en Chile. Fue el gerente general de la compañía hasta 1993, cargo por el que luego pasaron el independiente Ismael Correa Rodríguez y luego dos de sus hijos: Marcelo, el tercero de ocho, y luego Paulo, el sexto de ellos, quien se mantiene hasta hoy en el máximo cargo ejecutivo. Manuel Ariztía Ruiz, a sus 95 años, conserva la presidencia honoraria de la compañía y acude a las oficinas cada mañana, si bien ya no está en el manejo del día a día.
Los últimos registros oficiales muestran que en su rol está acompañado por un consejo que integran tres de sus hijos hombres -Manuel José, Marcelo y Felipe Ariztía Benoit-, y también Fernando Campino Johnson, el cónyuge de otra hija de Ariztía Ruiz, María Inés Ariztía Benoit. Todos acompañados además por dos independientes: Heriberto Urzúa como vicepresidente de este consejo y Fernando Araya Cumsille, integrantes que le dieron a la firma un camino y fórmula para incorporar una mirada externa en la toma de decisiones, en un contexto en que -puntualizan cercanos a la empresa-, “don Manuel tiene esa cosa bien de empresario chileno antiguo: que los negocios estén en la familia”.
Quienes conocen al grupo explican que la llegada de Urzúa se produjo a través de Jon Martínez, el consultor experto en estrategia y dirección de empresas familiares, actualmente director del Centro de Familias Empresarias del ESE Business School, Universidad de los Andes. Martínez, quien los ha asesorado en generar esta gobernanza, fue quien propuso a Urzúa dentro de una lista como candidato para este rol, mientras tiempo después se sumó Araya Cumsille, precedido de su paso profesional por Rabobank del que fue gerente general en Chile y, por tanto, de su amplia experiencia en el rubro agroindustrial y alimentos.
Los otros hijos hombres de Manuel Ariztía Ruiz están en labores ejecutivas: el ya mencionado Paulo Ariztía Benoit como gerente general, ingeniero civil industrial PUC, y Eugenio Ariztía Benoit, ingeniero comercial de la PUC, como gerente de Otros Negocios. El primero, en su rol está a cargo preferentemente del área avícola de la zona central, con su hermano complementándose en tener un control cruzado en el trabajo. “Que haya otros ojos que estén revisando las cosas”, dicen cercanos. De hecho, es Eugenio Ariztía quien figura como el representante del nuevo proyecto en Cartagena.
Cercanos al grupo explican que con Jon Martínez también la familia generó protocolos y normas de gobernanza y los continúa asesorando ocasionalmente cuando surge alguna dificultad o la necesidad de poner al día estos acuerdos que regulan la relación entre familia y empresa. Y, a diferencia de otros grupos que definen que la participación de la familia debe ser a nivel de accionistas o el directorio, en Empresas Ariztía concuerdan en que surja la vocación de las nuevas generaciones de trabajar en la empresa a nivel ejecutivo. “No para todos obviamente”, dice un entendido, quien explica que están establecidas exigencias, como carreras afines y competencias ad hoc, y que hayan tenido experiencia previa afuera.
La quinta y la PUC
Un cercano puntualiza que, en general Manuel Ariztía Ruiz fomentaba que sobre todo los nietos que fueran egresando de la universidad, los hombres particularmente, se integraran a trabajar, aunque fuera por algún tiempo en la compañía, a modo de pasantía. “Y si eran ingenieros de la Universidad Católica mejor, le generaba más confianza”, dicen entendidos, lo que se ha ido plasmando en la alta gerencia de la firma.
Desde 2019 tiene como su CFO a Manuel José Ariztía Fuenzalida, hijo de Manuel José Ariztía Benoit, un ingeniero civil industrial PUC y con un MBA en Berkeley, que previamente desarrolló una carrera independiente. Por ejemplo, estuvo en la consultora McKinsey & Company, e incluso se desempeñó en el sector público, en el Ministerio de Economía durante el primer gobierno de Sebastián Piñera, siendo parte del diseño e implementación de programas como Empresa en un Día o el Sello Pro Pyme.
Manuel José Ariztía Fuenzalida forma parte de la quinta generación de la familia, que integra en total a 55 personas. De este grupo también ya se han integrado a Empresas Ariztía a nivel ejecutivo otros profesionales. Un caso es el de Fernando Campino Ariztía, abogado PUC y con un LLM en la universidad de París Sorbonne Assas, quien como gerente de asuntos corporativos, tiene a su cargo la unidad legal de la empresa, y es hijo de María Inés Ariztía Benoit y de Fernando Campino Johnson. Otro caso es el de Alberto Ariztía Tagle, un ingeniero comercial PUC, hijo de Marcelo Ariztía Benoit, quien ocupa el cargo de subgerente de desarrollo. Otro es Felipe Ariztía Wolleter, arquitecto, hijo de Felipe Ariztía Benoit, a cargo de las construcciones en la compañía. Otro es Raimundo Ariztía Ovalle, hijo de Eugenio Ariztía Benoit, un ingeniero a cargo del área innovación, IA y automatización de procesos en la compañía. Y también Eugenio Ariztía Ovalle, agrónomo y quien se desempeña en el área agrícola.
Ahora bien, en Empresas Ariztía también trabajan otros integrantes de la familia, como cuñados, ya sea de cuarta o quinta generación. Un caso es el de Nicolás González Domínguez, casado con Teresa Ariztía Benoit y quien es el gerente de Tecnología y Alimentos, y está a cargo de la unidad de cecinas Montina, salchichas y jamones. Otro es el de Sergio Aspillaga, el gerente de ingeniería y proyectos, casado con Magdalena Campino Ariztía, hija de María Inés Ariztía Benoit. Y Pablo Hurtado Ramírez, un ingeniero agrónomo PUC que está a cargo de la zona norte, y quien está casado con Florencia Ariztía Baraona, hija de Paulo Ariztía Benoit.

Hasta paltos
Hoy Empresas Ariztía -que se especializa en la producción de pollos, pavos y cecinas- es un coloso con ventas por el equivalente a US$ 750 millones al año, de los cuales en torno a US$ 140 millones se los aportan exportaciones de pollo destinadas básicamente a Estados Unidos, Canadá, México, Europa, China y otros mercados como África y Latinoamérica. Con 5.600 trabajadores y tres plantas de proceso, ubicadas una en Arica -que les permite abastecer hasta Copiapó- y dos en la zona central, ubicadas en las comunas de La Cisterna -la planta conocida como Ochagavía- y en El Monte -la planta El Paico, que es el mayor complejo de la firma y del que salen las exportaciones-, hacía tiempo que estaba evaluando ampliar el autoabastecimiento del alimento que requieren estos complejos de proceso.
Personas enteradas explican que la planta de Melipilla data de 1969 y ya había sido ampliada en varias ocasiones, la última vez en 2007, multiplicando por 21 su capacidad en todos estos años. Pero ya se les hacía necesario poner en marcha otra unidad en la zona central, que la prevén en tres etapas. No porque visualicen crecimientos explosivos de la demanda, sobre todo tomando en cuenta las tendencias poblacionales que avizoran que hacia el 2035 la población de Chile llegará a su máximo y luego dejará de crecer. Pero sí, creen, se seguirá necesitando carne de pollo, la proteína más demandada en el mundo y en el país, y donde aún hay brechas de consumo per cápita, por ejemplo, entre Chile y Estados Unidos.
Ahora bien, también la familia o alguno de sus integrantes participan de otros negocios. Por ejemplo, Felipe Ariztía Benoit empujó el desarrollo de los quesos Rumay, a través de la sociedad Valle Verde. O el caso de Manuel José Ariztía Benoit, con el desarrollo del negocio de los champiñones a través de la sociedad Bosques del Mauco y su marca Nature’s Farm Products. Estos dos negocios, si bien no son parte del holding como tal, sí comercializan por esta vía parte de aquella producción, aprovechando los canales de distribución de Empresas Ariztía.
Y otro negocio por el que la familia recientemente está apostando son las plantaciones de paltos, a través de Fundo La Junta, en la misma Melipilla. Y, además, participan como accionistas de la firma Copeval, a través de dos sociedades: Desarrollos y Servicios Melipilla Limitada, y Empresas Ariztía Eala, ostentando entre ambas el 15,4% de la firma gestora de diversas actividades de servicios e insumos relacionadas con el agro. En el directorio de Copeval participa también un integrante de la quinta generación Ariztía, el ingeniero civil industrial Pedro Ariztía Fuenzalida.