Cada año, cerca de 740 productores de leche del sur de Chile reciben un documento que casi nadie más puede leer. Es la memoria anual de la Cooperativa Agrícola y Lechera de La Unión, más conocida como Colún. Según sus estatutos, debe llegarles junto al balance y al informe de los auditores, y explicar cómo está la cooperativa y cómo propone repartir lo que ganó. Más de una empresa ha intentado conseguir aquel escrito; lo han pedido por Ley de Transparencia, en tribunales y a la propia cooperativa, y casi siempre se han encontrado con la misma respuesta: Colún no tiene la obligación de hacerla pública.
Este afán de confidencialidad está plasmado en sus propios estatutos, que les imponen a los consejeros un “deber de secreto”, donde se les exige mantener “en estricta reserva y confidencialidad” los datos del negocio.
Sin embargo, en septiembre uno de sus socios más relevantes empezó a pedirle esa información a la justicia. Agrícola Las Mercedes, que le vende leche a Colún desde 1990, le pidió al Tribunal de Defensa de la Libre Competencia (TDLC) que obligara a la cooperativa a mostrar sus memorias de los últimos cinco años, las actas de su Consejo y su registro de socios. ¿Por qué? A fines de julio, el Consejo de Colún votó por unanimidad expulsar a dicha sociedad, después de que la familia Köster vendiera esta entidad a un grupo de inversionistas de Santiago. A juicio de los compradores, esta decisión es un “boicot colectivo” que contraviene directamente la ley de libre competencia.
Con esos documentos, Las Mercedes quiere mostrar, entre otras cosas, que otros socios cambiaron de dueños sin ser castigados. Hoy la ejecución de la expulsión está suspendida por un juzgado de La Unión y el caso sigue abierto en tres tribunales.
Así, producto de este caso, volvió a boca de muchos en la industria el funcionamiento interno de Colún, y el lucrativo y silencioso negocio que llevan a cabo.
El interés
Todo empezó a comienzos de este año, cuando los hermanos Oliver y Andrés Bertens; y Canio Corbo, Tomás Hurtado y Nicolás Larraín, socios del grupo de inversión CHL Capital, se interesaron en comprar la Sociedad Agrícola Las Mercedes (SALM).
Las Mercedes es uno de los socios que más leche le vende a la cooperativa. Según las facturas que emitió entre julio de 2025 y junio de 2026 -a las que tuvo acceso DF MAS- en esos 12 meses le entregó unos 21 millones de kilos de leche, por $ 8.408 millones.
Según un conocedor de la industria, parte del atractivo de SALM estaba en los beneficios tributarios que tienen los socios de la cooperativa y el alto flujo comercial que Las Mercedes tenía con Colún. Mientras negociaban con los Köster, los compradores le avisaron a la propia cooperativa que estaban en el proceso de compra. En sus escritos ante el TDLC, Las Mercedes dice que buscaron ser “plenamente transparentes” con Colún.
El 27 de enero, Oliver Bertens se sentó en las oficinas de la cooperativa frente a su jefe legal, Juan Ignacio Riveaux. Bertens le explicó que compraría Las Mercedes a través de varias sociedades, su forma habitual de invertir. Según contó después Riveaux al Consejo de la cooperativa, él le advirtió que eso chocaba con los estatutos, porque cuando una sociedad es socia de Colún, el Consejo tiene que aprobar antes a sus dueños.
Según explican personas al tanto de la negociación, el grupo comprador sabía que la operación tenía un riesgo. Pero entendió -y se mantiene en la misma posición- que la evaluación vendría después, no antes.
Contactada SALM, dijeron que “agradecemos el interés de Diario Financiero en el proceso, sin embargo, en esta instancia, hemos decidido no emitir declaraciones adicionales a lo señalado en sede judicial”.
PPT de Bofill
El 24 de marzo firmaron la compra de Las Mercedes por $ 23.830 millones (unos US$ 26 millones), según la escritura a la que tuvo acceso DF MAS. La mitad de la propiedad de SALM quedó en Asesorías e Inversiones Sennerin, de María José Cuevas Guzmán y Gabriella Gonella Schlör, señoras de Andrés y Oliver Bertens, respectivamente. Otro 20% quedó en Asesorías e Inversiones Kuh, de Caterina Kunstmann y Daniela Leiva. El 30% restante se repartió entre Agrícola CHL Capital -de Corbo, Hurtado y Larraín-, Inmobiliaria Chumal -controlada por José Nicolás Hurtado Vicuña-, y Agrícola Cascabel, que Tomás Hurtado comparte con Bernarda Larraín Undurraga.
El 2 de junio los compradores volvieron a La Unión para reunirse con Riveaux y con el gerente general, Lionel Mancilla, y les informaron que la compra ya se había firmado. En una carta que los abogados de Las Mercedes les mandaron a los consejeros tres días después, contaron que en aquella cita les dijeron que “por ningún motivo Colún acepta tener sociedades de capital en la propiedad directa o indirecta de sus cuotas”, que el Consejo no aprobaría la operación y que, por lo mismo, la cooperativa les compraría las cuotas.
Acto seguido, el 24 de junio el Consejo abrió el proceso para expulsar a Las Mercedes.
La decisión se tomó el 28 de julio, en una sesión extraordinaria en La Unión. Los abogados de Las Mercedes, Octavio Bofill y Felipe de Marinis, presentaron sus descargos con un PowerPoint. Pero no tuvieron éxito. La sesión terminó con ocho votos a favor de excluir a Las Mercedes. Decisión unánime.
“Jamás había visto una actitud de desafío tan frontal a los estatutos”, dijo el consejero Alfredo Kappel en la cita, según quedó en acta. Cristián Stegmaier recalcó que Colún “no es una sociedad anónima de la bolsa de comercio en donde lo único que importa es la parte económica”.
Por eso los compradores acudieron a la justicia para frenar la expulsión. A comienzos de septiembre, la sociedad y sus dueños presentaron dos recursos de protección en la Corte de Apelaciones de Valdivia, y Las Mercedes le pidió al TDLC una medida cautelar en el mismo escrito en que pidió los documentos. Ninguno de los dos tribunales accedió, así que Las Mercedes fue a un juzgado de La Unión. El 22 de septiembre, tres días antes de la junta de delegados que debía revisar su apelación, la jueza Pilar Ulriksen suspendió la expulsión.
En lo grueso, los nuevos dueños de Las Mercedes alegan que los estatutos no exigen una autorización previa para cambiar de dueños, que más de 100 sociedades cooperadas han cambiado su estructura o sus propietarios sin ser expulsadas, y que los consejeros, que también le venden leche a la cooperativa, usaron el Consejo para sacar a un competidor.
Colún, por su parte, ha sostenido en sus escritos que este conflicto se trata de un asunto estatutario y rechaza “categóricamente” que sus consejeros hayan actuado como competidores.
El 29 de septiembre Colún le pidió a la jueza de La Unión que revirtiera la suspensión, y, además, en ese escrito respondió que nunca antes un socio había traspasado todas sus cuotas a personas sin relación con sus dueños originales. Además, recuerda que en 2006 y en 2014 los representantes de Las Mercedes firmaron ante notario que cualquier cambio de dueños no aprobado por el Consejo “conlleva necesariamente la pérdida de la calidad de socio”.
US$ 1.000 millones
Colún nació el 24 de junio de 1949 en La Unión, cuando cerca de 70 lecheros de la zona se unieron para recolectar su leche, procesarla en una planta común y convertirla en productos lácteos. La Unión fue una de las zonas de la colonización alemana que el Estado chileno impulsó en el sur a mediados del siglo XIX. Por eso, hoy cinco de los ocho consejeros actuales tienen apellidos de origen germano: Zwanzger, Kappel, Küllmer, Helmrich von Elgott y Stegmaier.
El modelo de Colún es que cada socio tiene un voto, sin importar cuánta leche entregue. “Es una democracia perfecta”, opina un ejecutivo de la industria. Los socios se reparten en cuatro asambleas locales, que eligen a unos 40 delegados. Esos delegados, reunidos en la junta general, eligen a los ocho consejeros, de los cuales tres deben ser de La Unión, dos de Río Bueno, dos de Paillaco y uno de Futrono.
La plata, en cambio, se reparte según la leche que cada cooperado entrega. Lo que en una empresa sería la utilidad, en una cooperativa se llama remanente, y el de Colún fue de $ 108.554 millones (unos US$ 121 millones) en 2025, según los estados financieros que la cooperativa envió al Ministerio de Economía, publicados por Diario Lechero.
Casi ocho décadas después de su fundación, Colún es un gigante de la industria. El año pasado vendió más de US$ 1.000 millones, y según Odepa, en 2025 fabricó casi cuatro de cada 10 kilos de queso y de mantequilla que produjeron las plantas lecheras del país.
Entrar a la cooperativa toma tiempo. Los estatutos exigen que el postulante le venda leche durante dos años como no socio, al menos 100 kilos diarios ocho meses al año. Después necesita el voto de seis de los ocho consejeros y comprar al menos 1.500 cuotas. El Consejo puede eximirlo de la espera si paga al contado un derecho de entrada, equivalente a un tercio de las cuotas que le tocarían por su producción.
Mientras todo esto ocurre, el negocio de Colún viene creciendo muy fuerte en los últimos años. En 2025 la cooperativa recibió 68,8 millones de litros más que el año anterior, el mayor aumento de la industria, y -según Diario Lechero- sus ventas subieron 7,5%, aunque sus costos subieron 8,7% y el remanente creció sólo 2,2%.
Las familias
El 70% de los socios de Colún son micro, pequeños y medianos productores. En 2017, según la presentación que la propia cooperativa le hizo a Odepa, la mitad eran microempresas y sólo el 1% eran grandes, con ventas sobre $ 2.675 millones al año. Y como el remanente se reparte según la leche que entrega cada uno, las grandes cuotas tienden a concentrarse en unos pocos grupos familiares. No hay un controlador; de hecho, nadie puede tener más del 3% de las cuotas.
Uno de los grandes grupos es la familia Grob. Augusto Grob Fuchs presidió la cooperativa por largos años y, según muchas personas, sigue siendo un personaje clave dentro de Colún. Otras familias con peso, dicen entendidos, son los Momberg, los Mohr Meyer, los Leitner y los Pérez de Arce. Estos últimos, según publicó DF MAS, protagonizaron en 2024 una pelea entre hermanos: Octavio Pérez de Arce demandó a su hermano Cristián y a sus sobrinos por la administración de Agrocor, una sociedad que produce leche y se la vende a Colún a través de La Aguada.
Más allá de las críticas que tienen algunas firmas del rubro, “la empresa funciona como reloj”, dice un alto ejecutivo de la industria lechera. “Podemos tener diferencias con ellos”, agrega, pero “la empresa es un 7. Ordenados, invierten en tecnología, con muy buenos productos. Encontraron un modelo de gestión súper eficiente”. Según el mismo ejecutivo, una pieza clave de ese modelo es el gerente general, Lionel Mancilla, que dedica buena parte de su trabajo a gestionar “hacia adentro”, es decir, la relación con los cientos de agricultores que son dueños de la cooperativa.
Además del remanente y del beneficio tributario, los socios tienen múltiples “plus” por pertenecer a Colún. Los cooperados reciben programas de asistencia agropecuaria y veterinaria, además de capacitaciones, estudios e insumos agrícolas. “Esa es la razón del porqué se quedan en la cooperativa. Por eso su número de cooperados es tan estable”, dice una voz de la industria.
Lo que está en juego
Para Las Mercedes, lo que está en juego es buena parte de su negocio. Según sus propios escritos, tiene 2.000 vacas en ordeña que producen unos 60 mil litros diarios, y toda esa leche va a Colún. Mientras siga siendo socia, no puede vendérsela a otra planta de la zona, porque eso también es causal de expulsión.
Tampoco está claro públicamente cuánto valen sus cuotas. Si la expulsión se confirma, Colún tendrá que devolverle a Las Mercedes el valor de sus cerca de 2,5 millones de cuotas. Los estatutos dicen que a un socio expulsado se le retiene un 20% de ese valor “a título de multa”, pero Las Mercedes sostiene que esa regla es ilegal, porque la Ley de Cooperativas le da derecho a recibir el valor actualizado de sus cuotas, sin descuentos.
Para Colún, en cambio, la salida de Las Mercedes pesa poco. Su leche equivale a menos del 3% de la que recibe la cooperativa. El 7 de septiembre, Mancilla se lo dijo al Consejo: dejar de recibir la leche de Las Mercedes “no tiene incidencia en los procesos operacionales” de la cooperativa.
Lo que sí le importa a Colún, según distintas voces del mundo cooperativo, es el precedente que puede marcar este caso. Es la primera vez que un grupo de inversionistas de Santiago compra completa la sociedad de uno de sus socios grandes, y temen que, si el caso se repite, se debiliten las bases que han sostenido a la cooperativa por más de 75 años, como la colaboración entre agricultores. Los consejeros lo dejaron por escrito el día de la expulsión: si la infracción quedaba sin castigo, advirtieron, Colún se exponía a “desnaturalizar” su condición de “asociación de personas”.
Y eso, dicen quienes conocen la cooperativa por dentro, es algo que en Colún no están dispuestos a permitir.