Juan Gabriel Valdés (79) camina a paso rápido por la avenida El Bosque, en Providencia. Al llegar a su departamento, se instala en uno de los sofás del living, frente a un mesón que, además de libros, está repleto de fotografías enmarcadas: una veintena de imágenes que lo muestran junto a distintas figuras de la política internacional, entre ellas Barack Obama, George W. Bush, Joe Biden, Fidel Castro y el papa Juan Pablo II. También aparece junto a los exPresidentes Ricardo Lagos, Michelle Bachelet y Gabriel Boric.
-Esta es la “egoteca”- dice, con ironía.
La colección es, en cierto modo, el resumen visual de una vida dedicada a la diplomacia: fue ministro de Relaciones Exteriores, embajador de Chile en Estados Unidos y representante ante las Naciones Unidas, entre otros cargos que lo han llevado a convertirse en uno de los políticos chilenos con mayor recorrido internacional.
Ahora, de vuelta en Chile tras cuatro años en Washington, promete que no volverá a irse. “Por ningún motivo”, dice. Está dedicado a escribir sus memorias y sigue de cerca lo que ocurre en Chile y el mundo.
-Lo que yo dejé en Washington es tóxico, absolutamente tóxico. La pelea interna es muy fuerte y la autoridad del presidente Trump es omnímoda. Hay un cambio tal que eso merece ser comprendido muy bien por las autoridades de la Cancillería chilena- advierte.
Aunque Valdés reconoce que en un principio no era partidario de la interpelación a la cual será sometido este lunes el ministro de Relaciones Exteriores, Francisco Pérez Mackenna, afirma que en los “últimos días” cambió de opinión.
Para él, la adhesión de Chile al Escudo de las Américas -una coalición de cooperación internacional, impulsada por Estados Unidos, para combatir el crimen organizado transnacional- fue el punto de quiebre.
-Me parece que el gobierno de Kast tiene que explicarle a los chilenos qué es exactamente lo que entiende por esta alianza, porque se nos han dicho muchas cosas que parecen más bien contradictorias con el texto que entregó el gobierno de los Estados Unidos, hay poca claridad.
- ¿Qué cosas han sido contradictorias?
- Por lo pronto, resulta sorprendente que el gobierno de Chile dé una versión y, al día siguiente, Estados Unidos dé otra versión que abarca temas que no estaban para nada en el resumen inicial hecho por el gobierno de Chile. Eso ya es un problema.
Por otra parte, entiendo que no se ha suscrito un tratado, pero eso no significa que el Gobierno no haya tenido la necesidad de consultar al Congreso. Se reclama con mucha ira porque la candidatura de Michelle Bachelet a la ONU no se consultó con la oposición, y ahora se entra en un cuadro que es rupturista con la tradición política internacional de Chile y ni siquiera se le consulta al Congreso. Es contradictorio. He escuchado parlamentarios de gobierno que se manifiestan sorprendidos porque no fueron ni siquiera advertidos, particularmente respecto a los temas económicos que involucra el Escudo de las Américas.
- ¿Y por qué usted cree que no fueron advertidos? ¿Cuál fue el problema?
- Creo que efectivamente aquí ha habido presiones y que se ha cedido a esas presiones.
- El excanciller Mariano Fernández señaló que en una reunión del Consejo de Excancilleres con el ministro Pérez Mackenna, este les comunicó que era muy difícil para Chile no adherir al Escudo de las Américas y que Estados Unidos estaba presionando. Usted, que también asistió a esa reunión, ¿se quedó con la misma impresión?
- No estoy seguro de eso. Hubo conversaciones de algunos exministros antes de entrar a la sala y yo estaba de forma remota, en Valdivia. Lo que sí me quedó clarísimo es que para el canciller, además de las presiones, había elementos que eran importantes como el hecho de que Perú, Bolivia y Argentina están dentro del cuadro. Pero lo más importante de esa conversación fue que el ministro me dijo -e incluso me interrumpió para señalar que yo estaba equivocado- que esto no tenía ningún componente militar, que esto era simplemente policial. Y entonces mi pregunta fue: ¿para qué, si el FBI y la PDI colaboran hace años?
- Pero quizás con esto se puede mejorar esa colaboración…
- Está bien, siempre se pueden mejorar las cosas. La lucha contra el crimen organizado es fundamental y me parece muy bien que el Gobierno la haya tenido en su programa; lo que no tenía en su programa era involucrarse en una alianza especial con Estados Unidos que involucra no solamente el tema de la lucha contra el narcotráfico, sino además cosas que son totalmente distintas, como el screening en inversiones (control de inversiones extranjeras) y las cadenas de valor. Lo que se acaba de firmar no es banal. Y cuando veo al Presidente hablar sobre el tema, parece que hubieran firmado una especie de acuerdo para enfrentar ladrones. Y el tema es mucho más complejo.
- ¿Le preocupa que Chile termine subordinándose a los intereses de Donald Trump, como han dicho líderes de oposición?
- El tipo de visión que plantea esta alianza proviene de un gobierno específico, que es el de Donald Trump. El problema que tenemos aquí es que estamos cediendo soberanía en la medida que decimos que vamos a establecer un sistema de control que obviamente está dirigido en contra de China.
Tampoco podemos hacernos los lesos; soy muy partidario de la regla de la diplomacia, pero si la diplomacia consiste en hacerse el leso, que a uno le pasen por encima y vender el cuento de que eso no es así, eso no es diplomacia, es poca transparencia.
- Ahora, el Presidente Kast ha aclarado varias veces que esto no es un tratado y que no están pasando a llevar la soberanía de Chile…
- Estados Unidos siente que tiene que disciplinar al mundo del hemisferio para poder impedir que China ingrese. Y lo que se está adquiriendo a través de esta declaración política es un compromiso enorme con un país muy poderoso que hoy tiene apetito infinito sobre todas las riquezas que tienen nuestros países en la región y que quiere establecer controles de inversión de tal manera que sus rivales en el mundo no participen de esa riqueza. Así de claro lo veo yo.

Pero ¿qué otra alternativa había? ¿Cómo se para un país como Chile frente a un Estados Unidos de Donald Trump?
- Es muy difícil, no pienso en dar recetas porque no me parece que sea justo hacerlo, sería una actitud de prepotencia que no me caracteriza. Pero lo que sí puedo decir es que Chile siempre ha tenido la voluntad de no establecer alianzas de carácter excluyente. Y ahora entramos a esta especie de asociación que, insisto, no involucra sólo la lucha contra la delincuencia, sino que involucra una parte muy importante de la economía chilena.
Nosotros no vamos a excluir a China ni vamos a excluir a los países europeos, eso lo ha dicho el Presidente, lo ha dicho el ministro Pérez Mackenna y entonces me gustaría saber cómo se compatibiliza eso con lo que se acaba de firmar. Ese es el problema.
- Los exPresidentes Michelle Bachelet y Gabriel Boric emplazaron al gobierno de Kast a “reconsiderar la permanencia de Chile en esta instancia”. ¿Se suma a ese llamado?
- Por cierto. Creo que los dos Presidentes han actuado responsablemente ante lal gravedad que la decision adoptada tiene para la soberanía del país.
- ¿Cree que a este Gobierno le ha faltado carácter para pararse frente a Estados Unidos?
- Sí, ha faltado carácter. ¿Por qué Uruguay puede decir que no? Chile es un país que tiene prestigio en el mundo, que tiene una economía abierta, donde se puede invertir con tranquilidad y que cumple sus compromisos. Ese prestigio hace que no sea fácil tomar represalias agresivas en su contra. Y es evidente que después de haber adherido al Escudo de las Américas nos va a salir mucho más caro decir que no a algo. Esa es mi preocupación.
Creí que en el gobierno de Kast iban a ser más realistas respecto de Donald Trump, porque él no tiene una ideología clara. Por lo tanto, la idea de que esta supuesta relación ideológica iba a facilitar el entendimiento fue inducir a un error.
- En toda esta relación con Estados Unidos ha sido importante la figura del embajador Brandon Judd. ¿Qué opinión tiene de él?
- Hacía mucho tiempo que no había un embajador americano como Brandon Judd, que de pronto opina como si fuera miembro del Congreso. Yo no voy a entrar en discusión sobre la persona, hay estilos y estilos. Preferiría que él tuviera un estilo más diplomático, sin duda.
- ¿Y qué piensa de su sucesor en Washington, Andrés Ergas?
El embajador en Washington es una pieza fundamental de la politica exterior en el actual momento. Su tarea es variada, incluye inversiones, comercio, contactos politicos y una vision analítica de la evolución de la política en los EEUU, etc. etc. Lo que no puede ocurrir es que las autoridades de la cancillería desde el ministro hacia abajo definan su tarea como economica, y eso es lo que leo y escucho de todos ellos. Es una distorsión ideologica que puede tener muy malas consecuencias.
- Pero dicen que el embajador Ergas tiene buenos contactos en el trumpismo, eso le puede servir…
- Yo espero que sí, pero vamos a ver en qué resulta eso. Uno puede entrar a Mar-a-Lago y no conseguir nada más que un par de sonrisas y un par de fiestas. Es difícil saber.
- Volviendo a la interpelación del ministro Pérez Mackenna, ¿cómo definiría la conducción de política exterior bajo el gobierno de Kast?
- Insuficiente y escasa. No hay reflexión. En algún momento supe de conversaciones de la gente del Segundo Piso en Washington, donde dijeron que lo que había que hacer era seguir a Estados Unidos, a Trump. Pero el ministro Pérez Mackenna lo único que hace y dice en materia comercial es “quiero diversificar”, y eso es exactamente lo que no quiere Estados Unidos. Entonces ahí tenemos una contradicción política.
- ¿Cree que es necesario que Pérez Mackenna lidere una posición más clara en esta materia?
- Voy a ser bien franco; a mí me cuesta mucho criticar a un canciller, honestamente deseo que le vaya bien, pero también pienso que es necesario que la capacidad que él tiene de explicarse, de poner prioridades por delante y de ser más comunicativo respecto de lo que se está haciendo y de la visión que tiene el Gobierno, se exprese.
Eso yo no lo he visto; no existe una visión. Y si la visión es simplemente el comercio y la colaboración en contra de la inmigración ilegal y del delito, entonces estamos hablando de una política exterior absolutamente insuficiente. Esperaría que hubiesen más ideas. Desgraciadamente tampoco las hubo en el discurso del Presidente Kast en Naciones Unidas.
- ¿Para usted esa falta de visión viene desde el Presidente Kast?
- Hay que pensar que el ministro Pérez Mackenna representa la opinión del Presidente de Chile, que es quien dirige la política exterior. Por lo tanto, también sería injusto estar criticando lo que él dice sin referirse al hecho de que tiene que haber una línea que da el Presidente. ¿Cuál es la característica del Presidente Kast en términos internacionales? A mí no me queda claro. Si es el comercio, bueno, estamos en defensiva, porque nosotros tenemos un acuerdo con Estados Unidos de libre comercio que, en la práctica, está siendo desconocido.
El canciller ha hecho cosas positivas; ha ido a Asia, ha buscado comercio, pero el canciller no puede ser el viceministro de Comercio Exterior, tampoco el director de ProChile. Es decir, no puede estar repitiendo tareas que otras autoridades del Estado realizan.
- ¿Qué debería hacer entonces?
- Él tiene que buscar que aquellos conceptos que orientaron a Chile históricamente, como es la defensa del derecho internacional o de los tratados, se desarrollen y tengan curso.
- Ahora, dado este mundo tan convulso, va a reconocer que no le ha tocado fácil…
- Sin duda. Eso se lo dijimos al canciller en la primera reunión, y fue unánime de todos los que somos excancilleres: el mundo que él enfrenta es muchísimo más difícil de todo lo que nosotros habíamos visto durante nuestras vidas. Para enfrentar eso, el país tiene que estar unido pero no podemos hacer unidad sobre la base de la sorpresa, de la no consulta, en la cual el Presidente no es claro y quiere convencernos de que cosas como el Escudo de las Américas no tienen mayor importancia porque no es un tratado. No entiendo bien.
- ¿Es la interpelación una oportunidad para que el canciller explique todas estas cosas?
- Sería ideal. No estoy dispuesto a encabezar un ataque al canciller o a la política exterior del Gobierno simplemente por darme el gusto y por conseguir rédito interno. A mí me parece que eso es irresponsable. La situación internacional es lo suficientemente grave como para que nosotros colaboremos, pero para poder colaborar, ellos tienen que confiar y decirnos cuáles son los problemas que tienen.

Postulación de Bachelet a la ONU: “No era una carrera perdida”
- La exPresidenta Michelle Bachelet decidió retirar su postulación a la secretaría general de la ONU. La oposición reaccionó con dureza cuestionando al gobierno de Kast por no apoyarla. ¿En verdad usted cree que Bachelet habría tenido posibilidades de ser elegida si la apoyaba Kast?
- El tema más complejo para Michelle Bachelet era, sin duda, la oposición del gobierno americano. Pero ella tuvo una enorme cantidad de gente que la apoyaba. Y si el gobierno de Kast la hubiera apoyado, evidentemente la oposición norteamericana se habría hecho más difícil. Por lo tanto, hay una incidencia muy importante en la decisión del Presidente Kast; le allanó la carrera de una manera brutal a Estados Unidos porque no tenía ni siquiera para qué vetar, sino que simplemente decía “no es la candidata de Chile, así que yo no estoy a favor”. Lo más probable. dada la cercanía de Kast con Rubio, es que desde el momento en que los EEUU -que sin duda no tenían simpatía por la Presidenta Bachelet- supieron que el gobierno de Chile retiraría su nombre, decidieron que no era necesario vetarla sino tratarla como una no-candidata: no la recibieron. Por su parte, el gobierno de Kast utilizó como argumento para retirarla el que sabían de la decision del gobierno de Trump de vetarla.. Es decir fue un sabotaje coordinado de manera tácita.
- Entiendo que usted hizo tratativas con Estados Unidos y no lo recibieron…
- No lo logramos nunca. Yo mismo lo pedí formalmente y no hubo ningún tipo de reacción nunca.
- ¿No era una carrera perdida, entonces? Estados Unidos tiene poder de veto...
- La verdad es que no creo que era una carrera perdida por una razón: quien ha visto los procesos de elección anteriores a secretario general se ha encontrado con situaciones en las cuales han habido oposiciones muy fuertes de algunos países que luego se han modificado. Además, el presidente Trump ha demostrado que puede pasar de llamar terrorista a un señor a tenerlo de gran amigo, como sucedió con el alcalde de Nueva York. Entonces naturalmente uno no está seguro, el camino era muy largo, muy difícil, muy complejo.
- Si el apoyo de Kast era tan importante ¿por qué no se le incorporó antes?
- Esto ocurrió en septiembre y Kast en ese momento no era tan importante, era un candidato más. Evelyn Matthei muchas veces señaló que le parecía muy bien la candidatura e, incluso, el ex Presidente Sebastián Piñera lo dijo públicamente, “¿por qué no vas, Michelle?”. Entonces nosotros no podíamos predecir que se iba a producir una situación de bloqueo como la que se produjo.
- ¿Nunca se lo imaginaron?
- No, nunca me imaginé honestamente que un gobierno de Chile iba a retirar el nombre de una persona que había sido Presidenta del país en dos ocasiones.
- ¿Usted nunca le sugirió al Presidente Gabriel Boric que socializara mejor la candidatura?
- Pero por favor, si el Presidente Boric estaba acompañado en Naciones Unidas por el presidente del Senado, que era Manuel José Ossandón, y había varios parlamentarios, como el Rojo Edwards, y todos estuvimos en la fiesta con la Michelle en la noche. Entonces, ¿por qué vamos a pensar que un candidato de ese sector iba a actuar de la manera como actuaron?
- ¿Usted asume algún tipo de autocrítica por la caída de la postulación?
- Siempre se puede hacer mejor las cosas y quizás hubo algún momento en el cual se podría haber cambiado la estrategia, pero el discurso de Bachelet era muy fuerte y nos llenaba de orgullo. Creo que el esfuerzo que ella hizo dejó muy bien puesto el nombre de ella y de Chile.