Cuando Constanza Castillo (37) asumió como subsecretaria general de la Presidencia, Omar -el chofer de la división- se emocionó casi hasta las lágrimas. “No puedo creer que sea subsecretaria”, le dijo, abrazándola.
Omar la conocía desde 2011, cuando ella entró por primera vez a la División de Relaciones Políticas e Institucionales (Direpol), dependiente de la Segpres, durante el primer gobierno de Sebastián Piñera. En ese entonces, era una joven de 21 años, sin experiencia laboral, que estaba haciendo su práctica profesional.
Había llegado allí casi de casualidad: un primo suyo de Antofagasta le hizo el contacto con un amigo -Eduardo Riquelme, quien en esa época era jefe de la Direpol- y ella entró sin pensarlo demasiado. El primer día llegó nerviosa, cuentan testigos. Y, como buena practicante, tuvo que hacer de todo: desde armar bases de datos hasta tomar notas de reuniones, hacer informes mensuales y un largo etcétera.
Al terminar su práctica, le ofrecieron quedarse y dijo que sí, sin saber que en ese momento comenzaría una carrera política que, 15 años después, la llevaría a ocupar uno de los puestos políticos más importantes de La Moneda.
De Calama a Santiago
Constanza Castillo nació y se crió en Calama. Su madre -originaria de Concepción- y su padre -de Antofagasta- decidieron ir a probar suerte a Calama en los años ‘80, coincidiendo con el boom minero.
La subsecretaria cursó toda su educación básica y media en el Colegio San Ignacio, un establecimiento chico, que tenía sólo un curso por nivel. Allí participaba de todo lo que podía: desde el Centro de Alumnos hasta el equipo de béisbol y la orquesta del colegio.
Sus cercanos cuentan que en esos años también destacó en el tenis, un deporte que, por empuje de su padre, comenzó a practicar cuando tenía sólo 3 años. A los 7 ya competía en torneos nacionales, en Santiago o en Antofagasta. Su papá hacía de entrenador: le enseñaba técnicas, pero también a tolerar la frustración de la derrota. No le permitía, por ejemplo, tirar la raqueta al piso.
Aunque su carrera deportiva iba en ascenso, a los 12 años Constanza Castillo decidió concentrarse en sus estudios y dejar el tenis como un hobby. Junto a su hermano mayor y otros tres hermanastros por el lado de su padre -uno de ellos es el actor Gabriel Urzúa-, la subsecretaria pasaba sus veranos en Hornitos. Para ella, ir a Santiago era ir al sur.
Los primeros pasos en la política
Y a los 17 años se fue al sur. Llegó a la capital, a la Universidad Diego Portales (UDP), a estudiar Ciencias Políticas, una carrera que ni ella ni sus padres entendían muy bien de qué se trataba. Pero, según le ha contado a sus cercanos, se enamoró.
Terminó titulándose con la calificación más alta de su generación, en 2011. Quien supervisó su tesis sobre narcotráfico y crimen organizado en México fue Pamela Figueroa, la actual presidenta del Consejo Directivo del Servicio Electoral (Servel).
A esas alturas, Constanza Castillo ya tenía su domicilio político más o menos claro. Entre quienes admiraba estaban el exPresidente Sebastián Piñera y líderes de la centroderecha como Andrés Allamand y Cristián Monckeberg; se sentía cómoda con una derecha más liberal.
Así, cuando llegó a la Direpol como practicante y luego como asesora, no dudó en entrar a militar a Renovación Nacional (RN). Eso no significó, sin embargo, que tuviera una vida política activa. Pero sí comenzó a conocer, poco a poco, a dirigentes con los que años más tarde se toparía en los pasillos del Congreso.
Entre sus más cercanos, figura el diputado Diego Schalper, la presidenta del Senado, Paulina Núñez, y la senadora y presidenta de RN, Andrea Balladares, con quien solía jugar tenis.
La escuela de la Segpres
En esos mismos pasillos construyó una relación de confianza con el actual ministro del Interior, Claudio Alvarado, quien durante el primer gobierno de Piñera se desempeñó como subsecretario de la Segpres.
Cercanos al secretario de Estado comentan que él se dedicó a enseñarle los distintos códigos del trabajo legislativo: desde los aspectos más técnicos hasta las señales políticas que debía saber leer y cuáles ignorar, además de cómo negociar los distintos proyectos de ley con los parlamentarios.
La relación de confianza se mantiene hasta hoy y, según afirman en La Moneda, la llegada de Castillo al gobierno de José Antonio Kast estuvo en buena medida ligada a que Alvarado formaba parte de su equipo.
Pero volvamos atrás.
Después del fin de la primera administración de Piñera, en 2014, la hoy subsecretaria se quedó en el Parlamento como asesora del entonces diputado Diego Paulsen, actual embajador en Reino Unido. Y luego, cuando Piñera volvió a ser Presidente, Castillo regresó a la Segpres como coordinadora de la Direpol, cuyo jefe era Máximo Pávez, actual subsecretario del Interior.
Ese período no fue fácil. Durante el estallido social de octubre de 2019, Castillo debía quedarse en La Moneda hasta pasadas las 10 de la noche mientras las protestas mantenían cercado el Palacio de Gobierno, y negociar en el Congreso en Valparaíso, a contrarreloj, el proyecto de ley que dejó sin efecto el aumento de los $ 30 en el transporte público, además de otras enmiendas.
Después vino la pandemia y todo lo que esa emergencia sanitaria implicó. Cuando Juan José Ossa asumió como ministro de la Segpres, en enero de 2021, ella se convirtió en la primera (y única) mujer en ser jefa de la Direpol.
Una campaña desgastante
Durante el gobierno de Gabriel Boric, Constanza Castillo se dedicó a hacer asesorías legislativas a la oposición. También fue consultora en empresas privadas y académica de la Universidad Católica.
Cuando aún faltaba más de un año para la primera vuelta presidencial de noviembre de 2025, recibió un llamado de Juan Luis Ossa. El entonces coordinador programático de la candidata Evelyn Matthei le propuso sumarse al equipo para colaborar en la elaboración del programa de gobierno. Castillo aceptó y, según quienes conocieron de cerca ese proceso, terminó convirtiéndose en una figura clave de la campaña.
El desenlace de esa candidatura, no obstante, estuvo lejos de ser el esperado: Matthei obtuvo el 12% de los votos y quedó en quinto lugar. De acuerdo con cercanos a la subsecretaria, el proceso la dejó física y emocionalmente desgastada.
Por eso, tomó una decisión: alejarse por un tiempo de la política. Después de un mes de pausa, tenía previsto incorporarse a una universidad y trabajar como asesora en dos consultoras.
Pero sus planes cambiaron.
El salto a La Moneda de Kast
En medio de su descanso, la contactó su antiguo jefe, Claudio Alvarado, quien ya estaba instalado en la Oficina del Presidente Electo (OPE), armando los equipos que integrarían el gobierno de José Antonio Kast.
En el entorno de la subsecretaria cuentan que el ministro le pidió que se sumara a su equipo y que ella, aunque no estaba del todo convencida, terminó aceptando.
El diseño inicial contemplaba que asumiera como su jefa de gabinete, pero luego el plan cambió y le ofrecieron la Subsecretaría de la Segpres, cartera que quedaría a cargo de José García Ruminot, con quien Castillo no tenía una relación estrecha.
Tampoco conocía de cerca al mundo republicano. De hecho, fue recién en la OPE cuando tuvo su primer encuentro con Kast. Por eso, se propuso tender puentes con el sector: al fin y al cabo, era el partido del Presidente y contaba con la bancada más numerosa de la Cámara de Diputados.
Desde esa bancada aseguran que ella “ha hecho el trabajo” y que hoy “los prejuicios que teníamos nosotros con ella -y probablemente ella con nosotros- ya no existen”.
“Es una persona que se crió en la Segpres, entonces es muy ejecutiva y operativa; conoce muy bien el funcionamiento del Parlamento”, dice un diputado.
Otro parlamentario destaca la buena dupla que, a su juicio, ha formado con el ministro García Ruminot, a quien en La Moneda valoran por sus años de experiencia en el Congreso. Una valoración que, sin embargo, convive con los cuestionamientos que el ministro ha recibido en las últimas semanas por su capacidad de conducción y coordinación política en el Parlamento.
Uno de los episodios que lo dejó más expuesto fue el reciente rechazo, por falta de un voto, de la reforma constitucional que buscaba ampliar el plazo de detención de extranjeros con orden de expulsión.
Esas críticas tampoco han dejado fuera a la subsecretaria, a quien también algunos la responsabilizan por aquel traspié. Según comentan en el oficialismo, aunque ella lleva años en el parlamento, aún le falta poder y experiencia. Entre las cosas que le cuestionan es que nunca haya ocupado un cargo de elección popular.
“Ella está empezando. A nosotros, los parlamentarios, nos gusta entendernos con las personas que alguna vez han sido electos. Y ella tiene una debilidad ahí”, comenta un parlamentario.
Presupuesto 2027
Constanza Castillo ahora tendrá un rol clave en la tramitación de la Ley de Presupuestos 2027, cuyo debate comenzará este lunes.
No es un terreno nuevo para ella. Durante los gobiernos de Michelle Bachelet y Gabriel Boric, asesoró en materia presupuestaria a las bancadas de derecha, entonces en la oposición.
Sus cercanos dicen que buena parte de lo que sabe sobre presupuesto lo aprendió de Cristina Torres, quien fue directora de Presupuestos durante la segunda administración de Sebastián Piñera y que hoy es su amiga. Torres ejerció el cargo entre abril de 2021 y marzo de 2022.
En La Moneda explican que, esta vez, su tarea será también orientar al resto de los subsecretarios en la tramitación de la ley, considerando que la mayoría no tiene experiencia previa en un proceso presupuestario desde el Ejecutivo.
Pero el Presupuesto será apenas una de sus pruebas. El gobierno de Kast tiene por delante una extensa agenda legislativa y, con ella, una larga lista de negociaciones en el Congreso en las que la Segpres tendrá un papel central.
Quienes conocen a la subsecretaria aseguran que no tiene grandes pretensiones políticas ni un particular interés por estar en primera línea. Su estilo es más bien otro: bajo perfil, trabajo silencioso y gestión.
Pero en una cartera cuyo éxito se mide, en buena parte, por la capacidad de conseguir acuerdos, ese bajo perfil tendrá que convivir con una tarea cada vez más visible.