Se acaba de inaugurar
Vivir el archivo, instalación inmersiva que revive los 20 años que cumple el
Centro Cultural La Moneda a través de un recorrido virtual por sus exposiciones. Mientras tanto en Nueva York se está presentando una nueva temporada del ballet contemporáneo
Translation, producción de BalletCollective a cargo del reconocido coreógrafo Troy Schumacher y en cartelera hasta el 28 de junio en The Culture Club en Chelsea.
¿Qué tienen en común? La participación del artista visual chileno Sergio Mora-Díaz (40). El arquitecto de la Universidad de Chile siempre tuvo una inquietud por mezclar aspectos artísticos con otros más tecnológicos. Por eso decidió estudiar un Máster de Arte y Tecnología en la Escuela de Artes Tisch de la Universidad de Nueva York. “Ahí ya entré de lleno en este ámbito”, cuenta sentado a las afueras del CCLM, donde termina de montar Vivir el archivo.
El arte generativo consiste en crear piezas a partir de instrucciones que programa utilizando distintos softwares especializados y que corresponden a sistemas de iluminación, videoproyección y censores que detectan factores del entorno. “Es interesante porque uno entiende a la computadora ya no solamente como una herramienta. Uno genera sistemas de creación que conducen a un proceso donde aparecen flujos de información y se podría entender a la máquina como una especie de co-creador”, dice.
La IA es capaz de interpretar y proponer. “Es interesante desde el punto de vista creativo y artístico, porque uno como artista se abre al azar. Dentro de este proceso hay cosas que uno tiene previstas, pero también otras inesperadas que aparecen dentro de esta conversación con la máquina. Es una especie de exploración que sorprende”, señala el artista.
Obras vivas
Sus obras se han exhibido internacionalmente en Nueva York, Atlanta, Polonia, Australia, Corea del Sur, Japón, Brasil y Chile. Haber estudiado en Nueva York le abrió un mundo, comenta. “Conozco personas allá que me mandan convocatorias interesantes y se abren oportunidades de colaborar en proyectos colaborativos”.
Uno de ellos es Troy Schumacher, con quien trabaja actualmente en Translation, y donde también participa la compositora Julianna Barwick y el escritor Ken Liu, uno de los autores más influyentes de la ciencia ficción contemporánea. Translation es una obra que combina danza, música, literatura y artes visuales en una experiencia inmersiva. La crítica la ha descrito como “asombrosa”, “mágica” y como “un paisaje infinito de luz y sombra en movimiento”.

Dentro de esta producción, Mora-Díaz desarrolla una instalación basada en proyecciones, luz e imagen digital que estructura el espacio escénico y acompaña el movimiento de los bailarines, ampliando la experiencia visual y sensorial del público.
El chileno también trabajó con Schumacher en la creación de danza Step the Brain Along a Path, que en conjunto con el Georgia Institute of Technology se sumerge en las aguas de las neurociencias. “Las personas que asisten a la obra no solamente ven a los bailarines en escena, sino que además hay un despliegue que tiene que ver con las neuronas y cómo se activan zonas del cerebro”, describe el artista.
Mora-Díaz concibe sus creaciones artísticas como obras vivas que se mueven, se transforman y evolucionan según la información proporcionada, pero también respondiendo a dinámicas naturales, sociales y culturales. “Eso hace que las obras sean siempre distintas”, apunta.
La danza, dice, es una disciplina que le interesa particularmente y con la que ha trabajado a lo largo de su carrera. “A pesar de que me encanta la tecnología y estoy trabajando con computadores y máquinas todo el día, me importa que mis obras tengan un componente humano. Me gusta la búsqueda de conectar el cuerpo con los sistemas visuales que permite la tecnología, lo más valioso es cuando se cruzan ambos mundos”, señala.
Sergio comenta que en estos proyectos colaborativos se da la posibilidad de “pinponear” con la contraparte, ya sea un músico, un coreógrafo, un bailarín, de manera de mezclar datos y creación que van tomando forma propia.
Entre sus trabajos recientes figuran obras desarrolladas para el Teatro Municipal de Santiago, el Congreso del Futuro, el Ministerio de Ciencias, KÜZE Festival de Luz en el Planetario de Santiago, EtMday y el Festival de Artes Mediales de Valparaíso.
Mora-Díaz es además representante en Chile del software de mapping Madmapper. “Tiene que ver con todo el despliegue visual en un espacio físico y como llevo años trabajando con estos softwares y estoy en contacto directo con las personas que desarrollan estas aplicaciones, me piden que lo use como herramienta y también con fines educativos. Me interesa mucho la divulgación”, sostiene.
Un archivo vivo e inmersivo
México precolombino; Chile Mestizo; Antiguo Egipto; Andy Warhol; Samurái: Armaduras de Japón; El Mito de Roma; Picasso; China Imperial; Bauhaus: Influencia en el diseño chileno; J.M.W. Turner. Acuarelas; Paul Klee y Museo de 31 minutos, son sólo algunas de las muestras que han pasado por el centro cultural que en enero de 2006 abrió sus puertas bajo la Plaza de la Ciudadanía.
La exposición Vivir el archivo surgió desde el Centro Cultural La Moneda como una alternativa de revivir estas dos décadas de exposiciones a través de la tecnología. Una revisión a su historia, pero con perspectiva de futuro. Para eso contactaron a 500 nanómetros, empresa dedicada a experiencias inmersivas, que convocó a Mora-Díaz y quien a su vez se unió a Sinestesia para concretar el desarrollo tecnológico de la obra.
Comenzaron a trabajar a fines del año pasado en un proceso curatorial para definir qué exposiciones incluir y luego recopilar material: imágenes, videos, textos, catálogos… “Todo tipo de insumo para crear una obra nueva que de alguna forma rememorara las exposiciones que han ocurrido hasta ahora, pero con una nueva mirada tecnológica y con mi input creativo”, relata Mora-Díaz. Entremedio viajó a Estados Unidos para instalar el sistema que requiere el montaje de Translation y que, sin su presencia, controla un técnico a cargo.
“Es una experiencia inmersiva, usamos un sistema de proyección que inunda toda la sala y además es interactivo. No son solamente imágenes que aparecen desplegadas, sino que las personas participan para que esto cobre vida. Pero todo lo que uno describa se queda corto, porque la gracia es precisamente experimentarlo”, comenta el artista sobre la obra recién estrenada.