El 28 de septiembre los representantes de Inversiones El Oriente -sociedad propiedad de la familia Edwards del Río, dueños también de El Mercurio-, y del grupo financiero Consorcio, cerraron la escritura de un relevante acuerdo que permitirá llevar adelante el refinanciamiento del total de los pasivos del grupo periodístico y, de esta manera, sanear su situación financiera.
La historia en torno a la crisis de los medios es conocida. La irrupción de las grandes plataformas tecnológicas transformó por completo el modelo de negocios que le da sostenibilidad al ecosistema de medios, espacio vital para el desarrollo del debate público. Se trata de un escenario que se ha replicado en todo el mundo, sin excepción. Hace pocos días, y a raíz del 175.º aniversario del New York Times -probablemente el principal diario del mundo-, su publisher, Arthur G. Sulzberger, planteaba que con “el colapso del modelo de negocios basado en la publicidad, que por mucho tiempo sostuvo el periodismo original, el país (Estados Unidos) ha perdido casi 3.500 diarios y la gran mayoría de los empleos del periodismo local en apenas dos décadas”.
El Mercurio, al igual que la mayoría de los medios de Chile, no se escapa de esta realidad. Hace unos meses en una de sus editoriales definía como una “crisis financiera estructural” la situación por la que atraviesa la industria, mientras que en otra planteaba que “las profundas transformaciones que ha implicado la era digital han dejado a los medios en una situación de vulnerabilidad. Ella se ve agravada por el aprovechamiento que las plataformas -y hoy también los sistemas de inteligencia artificial- realizan de los contenidos periodísticos, desconociendo autorías”.
Este escenario llevó al grupo periodístico -el más grande de Chile y el más antiguo del mundo en habla hispana, dueño de los diarios El Mercurio, Las Ultimas Noticias, La Segunda y más de una docena de diarios regionales, además del sitio Emol y Radio Universo-, a una compleja situación financiera y un alto nivel de endeudamiento con un número relevante de instituciones -bancos y factorings- y proveedores, que luego derivó en diversas demandas por deudas previsionales, solicitudes de embargo o problemas de despacho, varios de los cuales se han hecho públicos en redes sociales.
Toda esta compleja situación habría encontrado, de momento, solución en este acuerdo entre la sociedad El Oriente y Consorcio, grupo financiero propiedad de las familias Hurtado Vicuña, Fernández León y Garcés Silva.
Según pudo confirmar DF MAS el acuerdo, a grandes rasgos, sería el siguiente.
Consorcio le otorgará un crédito a El Oriente por más de 900 mil UF, unos US$ 40 millones. Dicho monto permitirá sanear la situación financiera de El Mercurio, pagar todas sus deudas y quedar con un solo acreedor -Consorcio-, a una mejor tasa.
El Oriente, en cambio, deja en garantía un conjunto de terrenos: el más relevante, uno de cerca de 20 hectáreas ubicado en Vitacura, detrás de las instalaciones de El Mercurio.
Se trata de un terreno eriazo que colinda con el colegio Saint George, el cerro El Carbón, el Club de Polo Golf y El Mercurio.
También quedan en garantía varias otras propiedades de El Mercurio en Santiago y regiones. El sitio de Santa María de Manquehue donde hoy están ubicadas las oficinas del diario, no es parte del acuerdo y por lo tanto no está considerado como garantía.
El acuerdo también considera
tres años “de gracia”, es decir, un período de tiempo en el que la empresa no deberá pagar cuotas del crédito. Al cumplirse el tercer año, El Oriente deberá prepagar un porcentaje del crédito, cercano al 30% del total, y el monto restante pagarlo en cuotas a 20 años.
Quienes conocen el acuerdo comentan que
estos tres años de gracia le abren a El Mercurio un espacio de tiempo para concentrarse en la consolidación de su operación y aprovechar la oportunidad para reformular su estrategia y oferta de medios, tal como ha ocurrido en el pasado con muchos otros medios en Chile y el mundo.
Sin ir más lejos, hace ya varios años
su competidor Copesa redefinió su estrategia apostando fuertemente por el mundo digital, lo que implicó cerrar la versión impresa de medios como revista Paula y Qué Pasa y el diario La Cuarta, y concentrar su edición papel en La Tercera los fines de semana.