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Columnistas

Sobre el pesimismo económico

ERNESTO AYALA PERIODISTA Y ESCRITOR, HARALD BEYER ECONOMISTA Y LUCAS SIERRA ABOGADO

Por: ERNESTO AYALA, HARALD BEYER Y LUCAS SIERRA

Publicado: Viernes 31 de julio de 2026 a las 04:00 hrs.

El pesimismo económico que se percibe en el ambiente parece difícil de sacudir. El Indicador Mensual de Confianza Empresarial (IMCE), realizado por Icare-UAI, ha estado en los últimos tres gobiernos por debajo del valor 50 que sugiere neutralidad en la confianza, mientras que en los tres anteriores promedió sobradamente por arriba. En los dos primeros meses de este año, sin embargo, pareció estar incubándose un cambio de tendencia. El IMCE estuvo por encima de los 52 puntos. Ello no fue consecuencia solo del holgado triunfo electoral del presidente José Antonio Kast, sino también de la percepción de que el crecimiento cobraba fuerza como propósito transversal de la política chilena. Pero en abril volvió a caer bajo los 50.

Es tentador atribuir este bajón a aspectos económicos puntuales o a los errores cometidos por el gobierno durante su instalación. Dado que esos factores parecen estar en vías de superación podría pensarse que están dadas las condiciones para que se retome el optimismo. El problema, sin embargo, podría ser más profundo.

Los últimos meses confirman que el país ha dejado atrás el pluralismo moderado que lo caracterizó durante gran parte de los últimos lustros y se ha instalado, con matices, el pluralismo polarizado descrito por el politólogo italiano Giovanni Sartori. Estamos siendo testigos de una competencia política centrífuga, de oposiciones bilaterales, es decir, con partidos opositores en ambos espectros del arco político, comportamientos políticos irresponsables y gran distancia ideológica entre sectores. A ambos lados del espectro, las posturas más vociferantes, maniqueas y manipuladoras parecen ser las que atraen mayor atención, particularmente en las redes, reforzando los compartimentos estanco y, por consiguiente, inflamando las bases. Hay un riesgo evidente de escasa deliberación en el Congreso, de un incierto futuro de las leyes aprobadas y de un lento avance de las soluciones que exige la ciudadanía. El empuje al emprendimiento privado y al crecimiento económico, que parecía tan acordado, es cierto, podría diluirse.

“La crisis política de octubre de 2019 y la convención constitucional dejaron la impresión de que instituciones que se creían tan bien cimentadas no solo podían ser cuestionadas, sino profundamente alteradas”.

Sin embargo, polarización y tensiones políticas similares se observan en otras latitudes y no necesariamente causan estancamiento económico. Está visto que se trata de aguas inciertas, pero no imposibles de navegar si las instituciones, reglas y políticas públicas que posibilitan la vida común son robustas y mantienen importantes apoyos de la ciudadanía. En mediciones internacionales varias de las chilenas siguen estando bien evaluadas. Es algo que a veces se olvida.

Quizás la crisis política de octubre de 2019 y la convención constitucional que le siguió dejaron la impresión de que instituciones que se creían tan bien cimentadas podían no solo ser cuestionadas, sino profundamente alteradas. Y si eso sucedió hace seis años, bien puede volver a ocurrir. Pero pensar así es pensar bajo la sombra del estallido.

Esa percepción no considera que en los años previos a esa revuelta la ciudadanía había comenzado a perder confianza en las instituciones de manera consistente. De acuerdo a la Encuesta CEP, entre octubre de 2009 y diciembre de 2011, la proporción de personas que declaraban tener alta o bastante confianza en las instituciones comúnmente evaluadas cayó de un promedio de 40 a uno de 28 por ciento. Para mayo de 2017, la última evaluación de confianza previa al estallido, la confianza institucional estaba apenas en 22%. En esas mismas fechas, la confianza en las empresas privadas fue de 28% en 2009, 18% en 2011 y 13% en 2017, afectada por la caída general de la confianza, pero también por los escándalos de colusión y financiamiento ilegal de la política expuestos por esos años.

Sin embargo, luego de tocar fondo post revuelta, con un promedio de 13 % en diciembre de 2019, la confianza institucional ha subido consistentemente hasta alcanzar, en mayo recién pasado, un promedio de 34%, el más alto de los últimos 15 años. La confianza en las empresas privadas, en tanto, está en 32%, la más alta jamás registrada desde que ellas se incluyeron en la evaluación. Por donde se lo vea, esta es una buena noticia. Si le creemos a la encuesta, estos números reflejan que los chilenos, lenta pero consistentemente, están volviendo a creer en las instituciones que nos rigen y el sistema político y económico que ellas soportan. Con las precauciones del caso, entonces, hay buenas razones para no dejarse llevar por el pesimismo. O al menos para matizarlo.

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