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Columnistas

Cautela monetaria

ANDRÉS SANSONE Economista jefe banco santander

Por: Andrés Sansone

Publicado: Viernes 17 de julio de 2026 a las 04:05 hrs.

Las últimas cifras macroeconómicas han sido decepcionantes. Desde comienzos de 2026 hasta mayo hemos observado cifras negativas de actividad y el desempleo alcanzó 9,4%; un incremento de 0,5 puntos porcentuales respecto al año previo. Si a comienzos del ejercicio el consenso de mercado esperaba un crecimiento del PIB durante 2026 más cercano a 2,6%; hoy esas proyecciones se ubican en torno a 1,3%. ¿Qué explica este cambio en las expectativas?

En primer lugar, buena parte de la debilidad actual responde a factores de oferta, no a un deterioro cíclico generalizado. La producción minera ha venido cayendo con fuerza en el último año. La agricultura no repitió el dinamismo de años anteriores y, de hecho, retrocedió. El sector pesquero ha visto una menor disponibilidad de biomasa, golpeada por el fenómeno de El Niño, con caídas de 20% a 30%. Como señala el Banco Central (BC) ese efecto se transmitió a actividades vinculadas a la producción primaria, como el comercio mayorista asociado a exportadores de fruta, el transporte y la industria de alimentos derivados del mar.

En otras palabras, los mismos sectores que empujaron el crecimiento por sobre lo esperado en años previos hoy operan como viento en contra. Eso no es una recesión cíclica, sino más bien es una reversión de factores de oferta muy específicos.

Los mismos sectores que empujaron el crecimiento por sobre lo esperado en años previos hoy operan como viento en contra.

A lo anterior se agrega que la recuperación de la edificación ha sido más lenta de lo previsto y que la tensión geopolítica en Medio Oriente afectó el ingreso disponible de los hogares a través del alza en los combustibles. Estimamos que ese encarecimiento explica en torno a 1,3 puntos porcentuales del aumento de inflación observado, con un efecto directo sobre el ingreso disponible de los hogares y, por lo tanto, sobre el consumo de estas.

¿Qué cabe esperar hacia adelante? Junio debería mostrar alguna estabilización, en parte porque la base de comparación de la minería ya es muy baja. Pero el punto de inflexión lo vemos más hacia mediados del segundo semestre, cuando empiecen a evidenciarse con más fuerza los altos niveles de inversión en grandes proyectos mineros y energéticos, que ya cuentan con cronogramas definidos en el catastro de bienes de capital. Así, proyectamos un crecimiento entre 1% y 1,5% para este año, con una recuperación más clara hacia el 3% en los próximos ejercicios, apoyada también por el impulso del proyecto de reconstrucción y crecimiento.

En ese contexto, ¿qué haría el BC? Primaría la cautela, que es lo que ya ha venido anunciando y realizando. El tipo de cambio se ubica en torno a $930, unos $50 por encima de lo que se observaría en ausencia del conflicto en Medio Oriente y de una Reserva Federal aún preocupada por los niveles de inflación. A ello se suma la nueva escalada de tensiones geopolíticas, con un alza del precio del petróleo, mayor prima de riesgo y renovada incertidumbre sobre el mercado de refinados. La inflación cerraría el año cerca de 4% y ya a comienzos del próximo se ubicaría en torno al 3%. En ese escenario, lo más probable es que la TPM se mantenga en los niveles actuales hasta fin de año. Hacia diciembre o inicios del próximo año podría configurarse un escenario más propicio para retomar las bajas de tasa, una vez que exista mayor claridad sobre la convergencia inflacionaria y se disipen parte de las incertidumbres provenientes del frente externo.

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