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Columnistas

Lo que la inteligencia artificial no puede hacer por nuestro mercado de capitales

JOSÉ TOMÁS VALENTE GERENTE GENERAL BETTERPLAN

Por: JOSÉ TOMÁS VALENTE

Publicado: Martes 14 de julio de 2026 a las 04:00 hrs.

La Inteligencia Artificial (IA) está cambiando la economía a una velocidad que hace dos años parecía ciencia ficción. Desarrollar software cuesta una fracción, procesar información es casi gratis y cualquier analista tiene hoy capacidades que antes exigían equipos completos. Pero hay algo que ninguna de estas herramientas cambia: los incentivos y las reglas que rigen nuestro mercado de capitales. Y son esas reglas, las que determinan si el progreso llega o no al inversionista.

Los Fondos Cotizados en Bolsa (ETF) son un buen ejemplo. La innovación existe hace más de tres décadas y la capacidad técnica para crearlos en Chile estaba disponible hace más de diez años. Sus beneficios —costo bajo, diversificación, liquidez— están largamente comprobados. Y sin embargo, las administradoras demoraron años en lanzarlos. No por falta de tecnología, sino porque canibalizaban sus fondos existentes y dejaban menos margen. Y en una industria donde buena parte de la asesoría se remunera vía rebates, tampoco había incentivos para recomendarlos, aunque hicieran sentido para el cliente. La tecnología estaba lista hace mucho; los incentivos, no.

Esa es la lección que conviene recordar hoy. ChatGPT puede redactar un plan de negocios impecable, pero no lograr que un asesor remunerado con rebates recomiende el instrumento de menor costo. Claude Code puede construir una aplicación en días, pero no cambia el modelo de negocios de una administradora de fondos. Copilot puede simular mil escenarios de una cartera, pero no puede extender el beneficio del artículo 107 a los fondos de small caps ni devolverles la liquidez que perdieron cuando se restringió la inversión de las AFP. Y ninguna IA, por más asombrosa que sea, puede internacionalizar el peso ni convertir a Chile en un centro financiero regional. Esas decisiones no se computan, se legislan.

“El salto que Chile necesita en su mercado de capitales no es computacional. Es de diseño institucional. La tecnología ya hizo su parte y va a seguir haciéndola. Lo que viene es responsabilidad nuestra”.

Por eso la nueva reforma al mercado de capitales importa tanto. Chile ya vivió esto: las reformas MK1, MK2 y MK3 movieron el mercado más que cualquier avance tecnológico de su época, porque tocaron lo que la tecnología no toca. Y la agenda que se ha conocido apunta en la dirección correcta: internacionalización del peso, revisión de trabas acumuladas durante años, más profundidad y competencia.

Pero si pudiera pedir algo, sería que la reforma no se mida solo por los instrumentos que crea, sino por los incentivos que alinea. Que lo que le convenga al cliente sea también lo que le convenga a quien lo asesora, lo distribuye o lo administra. Una reforma que agregue posibilidades sin corregir incentivos repetirá la historia de los ETF: innovación disponible, adopción postergada. Raghuram Rajan y Luigi Zingales lo advirtieron hace más de dos décadas en un título que lo dice todo: hay que salvar al capitalismo de los capitalistas. Porque en esta industria, como en todas, abundan incumbentes cómodos con que ciertas cosas no cambien. Y ningún algoritmo va a incomodarlos por nosotros.

La IA va a seguir abaratando todo lo que sea información y software, y esa es una gran noticia para la industria financiera. Pero el salto que Chile necesita en su mercado de capitales no es computacional. Es de diseño institucional. La tecnología ya hizo su parte y va a seguir haciéndola. Lo que viene es responsabilidad nuestra, como fijar reglas e incentivos que permitan al mercado desplegar todo su potencial y que ese potencial se traduzca en mejores oportunidades y condiciones financieras para todos los chilenos.

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